lunes, 18 de octubre de 2010

UNA VERDAD INCÓMODA O UN GRAN TIMO



La predicción del futuro a través de conocidas profecías, ha sido oficio preponderado de la astrología y con éxito no comprobado del consultor judío Nostradamus, famoso por sus predicciones del futuro y las catástrofes mundiales. Sin embargo, en 1903 un físico, el sueco Svante August Arrhenius, empezaría a hablar de otro desastre en su Tratado de física del Cosmos, en el que consideró que el uso de combustibles fósiles incrementaría la temperatura normal de la Tierra. Arrhenius afirmó que este cambio sólo se produciría 3.000 años después. Pero las mediciones demostrarían que el tiempo fue mucho menor.

A mediados del siglo XX se logró constatar que la tempatura había tenido un incremento de 0,013°C al año y que los procesos industriales habían significado un 10% más de dióxido de carbono en la atmósfera. Con esos postulados, inició el debate sobre las realidades y falsedades de un problema de la aldea global, y los protocolos en organizaciones transnacionales para enfrentar lo que para muchos era un posiblearmagedón.

Los apocalípticos estudios sobre el inminente cambio climático por causas antropogénicas llevaron a la creación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, que determinó que ocurriría un aumento de 0,3°C cada diez años durante el siglo XXI, lo que significaba la mayor variación en la temperatura del planeta en los últimos 10.000 años.

El activismo mundial llegó hasta compromisos y firmas de tratados como el de Kioto o el reciente de Kopenague (este último de poca utilidad) en los que los países industrializados se comprometían a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, que son los que a la postre han contribuido al aumento de la temperatura media de la Tierra. Pero la alerta continúa y organizaciones ecologistas no paran de advertir y señalar cambios de rutinas desde los individuos para frenar el calentamiento global; en constraste con escépticos o indiferentes agentes de la sociedad (la mayoría) que no conocen los orígenes y sobre todo, las verdaderas implicaciones de este fenómeno.

El cambio climático antropogénico

Múltiples estudios científicos han conseguido darle validez al hecho de que en gran proporción el cambio climático actual por el que atraviesa el planeta, tiene orígen en la actividad humana (antropogénica) a través de varios factores como la deforestación, la revolución industrial en todos sus campos y el armamentismo nuclear que se vive en el mundo. Estos argumentos tienen sentido en la acumulación de gases de efecto invernadero, que aunque son útiles para el calentamiento natural de la tierra, se han emanado en exceso, contribuyendo en gran medida en el aumento de la temperatura atmosférica.

A pesar de lo grave que puede ser la situación, el tema ya ha entrado en suspicacias y temas políticos de ideologías mundiales, en los que se discute en primera medida si hay por qué preocuparse frente al cambio climático que estamos viviendo y si la acelerada producción industrial (propia del capitalismo salvaje) es culpable.

En defensa de la esfera privada se creó la Global Climate Coalition, una organización instaurada en 1989 por compañías como Shell, Exxon, Texaco y Ford, que buscaba quitarle peso a la relación calentamiento global-hombre. Las multinacionales ejercieron presiones a las organizaciones encargadas de tratar el tema, logrando, en algunos casos, su cometido.

Al respecto, un ejemplo bien argumentado es el de algunos senadores republicanos de Estados Unidos que en enero de 2009 presentaron un informe, en el que apoyados en las investigaciones de 650 científicos, rechazaban la condición de antropogénico del cambio climático. El tema, politizado en todo el mundo y en todas las campañas presidenciales, ha dividido en la desgastada dicotomía de derecha-izquierda en una lucha que, se supone, debería ser conjunta.

Las implicaciones

Partiendo del hecho de que sí hay un calentamiento global originado por el hombre, hay causas demostradas que involucran algunos aspectos de la vida rutinaria en el desgaste del planeta y en su modificación de la temperatura media.

Nuestra cultura moderna del automóvil y el apetito de los bienes de origen global son responsables de aproximadamente el 33% de las emisiones. La adicción cada vez mayor a la electricidad a partir de plantas energéticas de combustión de carbón, libera enormes cantidades de dióxido de carbono a la atmósfera, comenta la Blog Verde; sumado a ello, están la deforestación y el excesivo uso de químicos en la agricultura.

El cambio climático ya ha causado las primeras consecuencias en el transcurso normal de los fenómenos naturales. Los maremotos, huracanes y largas temporadas de precipitaciones sin precendentes, son los resultados más visibles.

No obstante, el medio ambiente en general ha sufrido por causa del calentamineto global, acentuado en los últimos años del siglo XX. El derretimiento de los glaciares, las sequías severas, el aumento del nivel del mar y las extensas olas de calor han empezado a ocurrir como secuela de los ilimitados usos que se le han dado al planeta para la demanda consumista de millones de habitantes.

La extinción de especies por el cambio de hábitat y la deforestación debido a la escasez de agua, serán otras de las implicaciones que seguirá teniendo el calentamiento global en el planeta, haciendo hincapié en los trastornos alimenticios y en la sanidad humano que esto mismo pueda traer.

El papel de la comunicación

La mediósfera es la tribuna especial para visibilizar un tema del alcance polémico como el que tiene el cambio climático causado por la actividad humana. Sin embargo, el asunto de la economía política también permea este ámbito de la sociedad y consigue crear el debate necesario entre los convencidos de la culpa antrópica de este fenómeno y quienes están convencidos de que los inusuales cambios del medio ambiente tienen causa única en la acción de la naturaleza.

“Si la causa del calentamiento es mayormente natural, entonces es poco lo que podemos hacer al respecto. No podemos influir en el inconstante sol (…)”, es una de las ideas del documental El Gran Timo del Calentamiento Global, emitido en el Reino Unido en 2007 y acusado por la Ofcom (regulador de los medios británicos) de no cumplir con las normas de veracidad e imparcialidad.

En contraste, el valor mediático que ha supuesto el documental de Al Gore,Una Verdad Incómoda, para los convencidos de la causa del cambio climático le signifió al ex vicepresidente de Estados Unidos el galardón del Nobel de la Paz en 2007, junto con los miembros del IPCC de la ONU. Esto, a la luz pública, se traduce en un imperativo mundial por reconocer el trabajo de persuasión del demócrata, quien desde su derrota electoral en 2000 ha dedicado sus esfuerzos por visibilizar el problema del calentamiento global y por buscarle soluciones.

Aunque el documento de Gore ha sido tomado como la pionera hoja de ruta del tema desde la comunicación audiovisual, su error está en la sensación de alarma que genera en el espectador. “Si la mayoría de los científicos del mundo tienen razón, nos quedan apenas diez años para evitar una catástrofe de grandes proporciones que podría hacer entrar el clima del planeta en una espiral destructiva(…), es una de las advertencias del material audiovisual.

En ese sentido, es recomendable no provocar miedos, sino ofrecer la motivación, capacitación y el poder para actuar; el tema ya está planteado y mal que bien, está validado que sí existe un problema que requiere de atención mundial, por lo que las estrategias de comunicación más que ahondar en la preocupante situación que se vive por el cambio climático, deben emprender una pedagogía efectiva desde los medios para generar acciones concretas en los espectadores.

Hacia ese mismo fin va otro llamado, en el que se deben dejar a un lado los lenguajes e intenciones científicas para establecer y generar presiones hacia soluciones socio-políticas. Es decir, desde la tribuna mediática abogar porque los gobiernos sean efectivos en legislaciones que a la postre cumplan con los protocolos y convenios establecidos internacionalmente.

La intervención de los comunicadores sociales es importante porque permite la creación y dirección más efectiva de los mensajes, usando algunas estrategias sencillas pero impactantes. Para este fin es necesario tener grises, esto es no llegar a métodos extremos en la confección de los mensajes: no todo puede ser emotivo, pero tampoco todo puede ser racional.

El uso de contenidos que lleguen al interés del espectador, pero con datos científicos, contribuirán a darle credibilidad a los contenidos y a la vez permeará a más sectores de la sociedad .

Lo más importante para generar una conciencia, es quitar la brecha que existe que nos hace pensar que el cambio climático es algo a largo plazo, haciendo ver que ya se están presentando las primeras consecuencias, que aunque sean pequeñas, son el principal indicio para actuar desde ya.

De allí en adelante la labor del comunicador será acertar en el mensaje necesario con las estrategias comunicativas convencionales: un lenguaje sencillo, la creatividad, una informacion veraz y clara, además de la producción de contenidos que sean atractivos para quienes aún están escépticos y quienes son agentes pasivos de la sociedad frente al tema.

ENTRE MOCHILA Y PIEDRA

“¡Asesinos, asesinos, asesinos!” gritaban por la avenida Santander, el pasado cuatro de Marzo, los estudiantes de la U de Caldas en la protesta contra el TIM. Querían que los escucharan y lo pensaban lograr con la marcha. No estaban de acuerdo con el nuevo sistema de transporte de la ciudad, pues opinaban que era un atropello de la Alcaldía.

Las arengas en movimiento se detuvieron aquella mañana, cuando se toparon con un Escuadrón Móvil Antidisturbios, que no los dejó avanzar con la manifestación. Los de la fuerza pública estaban armados y preparados para detener el paso de los estudiantes hacia su destino, el CAM. El Centro se estaba convirtiendo en un caos.

Conflictos de ciudad como éste se han trasladado a los espacios universitarios desde hace varias décadas. Rectores, decanos, profesores y estudiantes han sido blancos de amenazas, persecuciones y asesinatos. Estos miembros de la comunidad académica se suman a los desaparecidos que según la Fiscalía desde 1989 suman 25.185 personas, sin contar los falsos positivos.

La pelea entre el establecimiento y los universitarios estaba casada desde hace varias décadas. Según Alfredo Molano, en su reportaje En pie de lucha de El Espectador, los primeros conflictos se generaron cuando los sectores populares de las instituciones se sintieron indignados por el manejo que se le estaba dando al Estado.

Del activismo político de los universitarios en Colombia se tiene memoria antes de que entraran en auge los movimientos estudiantiles en todo el mundo. El primer episodio: después de la revuelta contra el ex presidente Abadía Méndez y el asesinato del estudiante Gonzalo Bravo Páez, cuando la Policía disparó contra un grupo de estudiantes en 1929. Acto seguido: la oleada de desapariciones de estudiantes, que aún están impunes.

La acallada al estudiantado siguió. Años más tarde con el levantamiento contra Rojas Pinilla, tras la masacre de varios estudiantes en 1954 y catorce años después en el agitado 1968, con la rebelión contra la Constitución de 1886.

Posteriormente hicieron carrera los grupos anarquistas, como fuerza opositora para la abolición del Estado. Este tipo de agrupaciones fueron férreas críticas al gobierno de Álvaro Uribe, al que catalogaron de “instigar una histeria desde los medios de comunicación”, como mencionó uno de sus miembros. En su momento, la tensión llegó al punto máximo con los famosos videos de la senadora Gina Parody, con los que se pretendía señalar al movimiento estudiantil como una organización insurgente.

La protesta es económica

Los estudiantes de las universidades públicas de la ciudad han sido defensores del derecho a la educación, en su concepto de gratuidad, objetivo dispuesto para la educación superior en el Plan Decenal del gobierno nacional.

Sin embargo, el auxilio económico para lograr ese objetivo aún sigue lejos de cumplirse. “Desde los años 90 los presupuestos de todas las universidades públicas han permanecido congelados, pero las obligaciones de calidad y cobertura se han duplicado”, menciona Molano en su publicación.

La inconformidad del alumnado es evidente, pues los recortes presupuestales restringen los contenidos académicos de los pregrados. La noticia de la aprobación del Presupuesto General de la Nación para 2010, que brinda más recursos a la guerra que a la educación, no cayó muy bien en la comunidad universitaria.

Los universitarios quedaron prevenidos. Yolima Lemus Restrepo, de la Universidad Nacional, se integra con los representantes estudiantiles y con los demás líderes para analizar el porqué hay que luchar. “Últimamente acá se habla mucho del presupuesto, pues no está cubriendo los gastos que se tienen en la universidad”, cuenta la líder.

A la preocupación de estudiantes se suma Moisés Wasserman, rector de la Nacho, quien en su momento calificó el presupuesto como “cínico”, debido al pasivo pensional que deben enfrentar las instituciones que están al borde de la quiebra.

La tormenta económica también azota a la Universidad de Caldas. Los estudiantes aducen estar intranquilos por las repercusiones que este asunto tenga sobre la academia. “Siempre buscamos la alternativa de hablar primero para buscarle soluciones a estos temas, pero si esto no funciona optamos por las vías de hecho”, comenta Víctor Hugo Acosta, integrante del Consejo Académico.

Influencias de movimientos

Las ideologías de centro e izquierda han estado históricamente presentes en las manifestaciones de los estudiantes. Simpatizantes del Movimiento Obrero Independiente Revolucionario (MOIR), de la desaparecida Unión Patriótica (UP), del Movimiento 19 de Abril y de la Juventud Comunista (JUCO) han hecho parte de los mítines convocados en las instituciones de la ciudad.

Julian M., así no más, pertenece a la JUCO y orgullosamente habla sobre la que llama “batalla que debe enfrentar para que respeten sus derechos educativos”. Para él, los mecanismos como asambleas y paros son necesarios en la comunidad académica.

“Esos actos se hacen como una respuesta del estudiantado por no habernos vinculado dentro de algunos procesos que se realizan en la universidad, como el cambio de estatuto, las modificaciones en bienestar universitario o las elecciones de decano”, cuenta con ánimos de revolución, como lo definen algunos, el miembro del movimiento.

La ideología de los universitarios ha estado en contravía de las mayorías políticas impuestas en el país. El abismo se acrecentó durante los dos periodos de Uribe en los que instituciones como la Universidad Industrial de Santander, la Pedagógica de Bogotá, la de Caldas y la Nacional, entraron en largas temporadas de asambleas generales y paros.

Para muchos, el ex presidente Uribe violó el concepto de autonomía universitaria al permitir el ingreso de la Policía a los establecimientos educativos donde se presentaban disturbios. “La Fuerza Pública tiene la orden de judicializar y capturar a todos los integrantes de la comunidad universitaria que estén en acciones violentas”, declaró el presidente en su momento.

Los hechos aumentaron la polarización política del país y no calmaron las tensiones entre autoridades y estudiantes. Por el contrario, la incertidumbre de la financiación llevó a casos como la retención del rector de la Nacional, por más de cinco horas en octubre de 2009, para presionar la discusión de la asignación de recursos en la institución.

Los intereses estatales parecen estar encaminados a otros fines que no son precisamente la educación. Según cálculos del profesor Libardo Sarmiento, consultor de Unicef, un soldado profesional le cuesta al país $60 millones anuales y en contraste, un estudiante de la universidad pública le cuesta ocho millones.

Mientras eso ocurre, el activismo político en las universidades del país seguirá presente para reclamar y exigir garantías que cumplan con el derecho a la educación, que en nuestro país sufre continuas violaciones.

Lina Villegas

Ricardo González Duque

sábado, 9 de octubre de 2010

EL LIBRO SE SIGUE ESCRIBIENDO


150 páginas en un libro ya es demasiado para un típico lector latinoamericano que no está acostumbrado a ese hábito. Suspender todo tipo de actividades para entregarse al silencio y la concentración que demanda la atención de las páginas, para algunos termina siendo un suplicio.

En Colombia, según estadísticas entregadas por la Cámara del Libro, menos de 15 millones de personas leen un libro por año, lo que deduce que más de 25 millones de colombianos no saben que es devorarse ni uno solo.

Las cifras son preocupantes y el panorama parece dejar en crisis a una industria que en el inicio de una recesión económica está buscando alternativas para continuar a flote y atraer a apáticos lectores.

El problema pasa por diferentes estadios de una sociedad que no ha tomado conciencia por crear un amor por las letras y que en ese sentido acentúa aún más un statuo quo alimentado en la lejanía de los libros.

LAS LETRAS QUE NO SE LEEN

El Ministerio de Educación publicó en 2007 el resultado preocupante de un estudio realizado por la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), en el que el país ocupó el lugar 30, de 35 en Latinoamérica, en nivel de lectura de sus habitantes.

Los datos generaron un intento de cambio desde el gobierno nacional, que creó el Plan Nacional de Lectura y Bibliotecas para incentivar, a través de diferentes grupos focales, un interés por los libros. Sin embargo, el proyecto fracasó en muchos flancos.

Si bien el Ministerio pretendía mejorar los niveles de las bibliotecas existentes y crear nuevas para incrementar la estadística promedio de lectores del país, los objetivos trazados no tuvieron éxito y Colombia siguió estando en un nivel por debajo del de muchos países de la región.

“Quisiéramos llegar a que cada habitante se leyera en Colombia cuatro libros por año”, afirmó Moisés Melo, presidente de la Cámara Colombiana del Libro. Sin embargo, la cifra es de lejano cumplimiento y “requiere un cambio radical en las políticas educativas del país”, agregó.

Para 2009, el Plan del gobierno planteó que los colombianos en un año se leyeran 5 libros, pero la política siguió sin ser efectiva. Según un estudio concertado por el DANE con Fundalectura y el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina, el promedio de lectura fue de 0,72 textos por año.

Sin embargo, lo más alarmante aún es la falta de interés de muchos que tienen la oportunidad de acceder a las bibliotecas públicas, incrementadas con el Plan del Ministerio, pues sólo el 19% de los encuestados por el DANE lo hacen.

Los colombianos no quieren leer, pues los otros medios, más facilistas que el de las páginas impresas, han venido a entretener a un público con contenidos en ocasiones anodinos, que en el 2000 dedicaba aproximadamente 43 minutos diarios a leer y hoy sólo 32.

UNA EDUCACIÓN MEDIOCRE

“El fetiche mío es tener libros, porque puedo leerlos una y otra vez, para de algún modo escapar de la realidad…”, cuenta Camilo Muñoz un ferviente lector que estudia Derecho en la Universidad de Caldas. Pero no hay muchos como él; son pocos los discentes que ven en la lectura una verdadera pasión.

Cumplir con un logro académico es la principal motivación -y obligación- que tiene un estudiante colombiano para tomar un libro, apartarse de la distractora realidad mediática en la que vive, y concentrarse en él.

Para Camilo, la crisis está en la educación que desde la primera infancia les imparten a los estudiantes, él asegura que no se crea un hábito por el leer. “Deberían aprovechar las edades más tempranas para fomentar las lecturas, así sea de cuentos pendejos como Escalofríos. Eso, de cualquier forma, terminará creando interés por los libros”.

La encuesta del DANE sobre preferencias lectoras señala que en el 40% de los hogares no comparten los textos con los menores, la tradición de la lectura del cuento se ha ido perdiendo. “La premura del tiempo, el estrés con el que se está moviendo el mundo, deja pasar todo por alto y espacios como ése para estar con los niños y despertarles ese interés por el mundo literario ya no existen”, opina Inés Arango, madre de una menor de 5 años.

Paradójicamente, el 90% de los menores encuestados coinciden en contestar que su lugar preferido para leer es el hogar, pero allí más de la mitad respondieron que no tienen libros y al no acceder fácilmente a una biblioteca, terminan realizando otras actividades. “¿Cuál es la forma más fácil de entretener ahora a un niño?, sencillamente la televisión y con ese error uno cree que tiene todo solucionado”, añade Arango.

Los colegios no ayudan, pues en Manizales son pocas las instituciones que crean en sus alumnos un hábito continuo de lectura. Sólo en colegios como el San Luis, Colseñora y Granadino hay una disciplina mensual para leer un libro. “Este negocio se hace de esas instituciones, donde a los muchachos desde pequeños les enseñan a hacerlo por gusto, no por obligación”, cuenta Gloria Giraldo gerente comercial de la librería Palabras.

Y si bien el problema puede provenir desde los primeros años, el interés de los gobiernos no ha contribuido a mejorar la calidad educativa. El hecho de que para 2010 se haya decidido invertir más en Defensa que en Educación, significa un retroceso y una posible pérdida de valiosos recursos para dotación de bibliotecas.

En las universidades, los estudiantes conscientes protestan por la disminución de dineros para sus instituciones, lo que tiene como consecuencia una más baja calidad educativa; las clases se nutren de los textos de autores, pero muchas universidades parecen haberlo olvidado.

“Leer un solo capítulo es limitar la profundidad de un texto”, declara Emel Orozco, propietario de Leo Libros; y eso es lo que precisamente están haciendo las universidades, piden fotocopias de capítulos seleccionados de un libro, para tratar un tema someramente. Ahí está una de las fallas vertebrales de la educación nacional.

Mientras esa lógica continúe, si se siguen leyendo pedazos descontextualizados de los textos de autor, la educación que se siga impartiendo en Colombia no dejara de ser mediocre.

LA ÚLTIMA PÁGINA DE LAS LIBRERÍAS

La era Gutenberg ha muerto. Fue la frase de muchos cuando hace unos años empezó a circular en Internet un libro de Stephen King publicado exclusivamente por ese medio. En ese momento la editorial que lo difundió, Simon & Schuster, cobró 2,5 dólares por su acceso.

Hace unos meses Ignacio Polanco Moreno, nuevo presidente de Prisa vaticinó que el apagón del medio impreso está a menos de 20 años, con lo que recalcó que el portal de su periódico El País, está en busca de mejoras para esta plataforma.

Puestas las cartas sobre la mesa, la bomba de tiempo para las librerías parece haberse activado por estar a menos de dos décadas de cerrar sus puertas. Sin embargo, en los principales negocios de estos en Manizales aún no hay alarma.

Los propietarios de las librerías de la ciudad coinciden en reconocer que si bien ha habido factores que inciden en la merma en ventas, creen que aún el lector valora mucho el texto físico en sus manos y que, contrario a Polanco, ven lejos el fin de los impresos.

“Me encanta el olor de las páginas de un libro nuevo, ahí está gran parte de su esencia”, cuenta Cristian Echeverry, estudiante y empleado de la librería Libélula. “Nadie quiere leer en una pantalla. El lector que se respete le gusta portar su texto y manipularlo y frente a un computador difícilmente lo puede hacer”, agrega Gloria Giraldo de Librería Palabras.

Para ella es quizá actualmente la piratería el principal problema que tienen que enfrentar el tipo de negocio en el que trabaja. “Es difícil competir contra precios la mitad más bajos con lectores que no son conscientes del trabajo de editores y escritores”, afirma Giraldo, quien dice no entender por qué motivo comprar un libro de mala calidad, deshojado y con letras fácilmente borrables.

Sin embargo, para otros independientemente de las tecnologías y la piratería existe otro problema de fondo que causa el debacle literario. “El libro no está en crisis, la que lo está es la lectura, porque nos acostumbraron a lo fácil y a no cuestionar y disentir a partir de un texto”, opina Jorge Vallejo escritor y profesor de la Universidad del Valle.

Por ahora no se puede pasar la última página de las librerías y editoriales, aún se está escribiendo, pero son los que la lean los responsables del destino del mágico hábito de la lectura.

miércoles, 6 de octubre de 2010

SIN LÍMITES ¿QUÉ MODELO?

Despreciar el proteccionismo y abrirse a los mercados mundiales con la idea neoliberal de globalización económica fue el discurso recurrente y que había logrado un éxito inconmensurable durante las últimas décadas del siglo XX, luego de que el capitalismo se impusiera sobre su némesis.

Las lógicas de los mercados bursátiles se acentuaron y el capitalismo salvaje empezó a regir en una economía en la que empezó a importar la consecución de riquezas sobre todas las éticas, principios y legislaciones; donde el Estado, catalogado de ineficiente y hasta estorboso, se convertía sólo en simple espectador de los actos de grande magnates y grupos económicos que por sí solos superaban el PIB de varias decenas de países en el mundo.

Pero el frenético modelo que en menos de dos décadas concentró incontables capitales, creó productos y modos de consumo por doquier; tuvo sus honras fúnebres en el septiembre negro de hace dos años, cuando el pánico rodeó a Wall Street con la quiebra de varias legendarias entidades financieras.

El cuento mágico de las hipotecas sin límites, de negociar con el dinero de los contribuyentes a través de fondos y otras inversiones y asignar créditos sin responsabilidad alguna, acabó con la caída de los precios de activos sobrevalorados. Por esta misma época en 2008, llegó el crash (estallido) definitivo a una economía que se había convertido más que peligrosamente especulativa, ficticia.

Los que miraban al Estado por encima del hombro y creían que su papel se había convertido en el de las arcaicas monarquías, tuvieron que ver cómo el gobierno de Bush nacionalizaba bancos, capitalizaba otros e inyectaba capital a la economía estadounidense para salvarla de un colapso mayor. La esfera pública le tuvo que poner reglas a la privada.

De eso ya van dos años y aunque muchos abogaron por un nuevo modelo económico que le pusiera fin a la desmedida acción del capitalismo salvaje, no hay muchos avances, pues los intereses del dinero que está en juego priman sobre el aparato estatal.

La soberanía se ha visto en detrimento por la superioridad de las multinacionales y los gigantescos grupos económicos frente a las ramas del poder público. Comprar leyes, justicia y a un presidente, puede ser la mejor herramienta para que esta práctica del libertinaje de mercado siga haciendo carrera.

Basta de imposiciones económicas al Estado. Que las EPS suministren los servicios de salud a los que están obligadas; que los bancos no sigan presionando para que las reformas tributarias los favorezcan y que los grandes capitalistas no soliciten más exenciones de impuestos sin sentido alguno. El Estado no es un pelele y las reglas son la clave para que no haya más crashque nos tomen por sorpresa.

lunes, 27 de septiembre de 2010

¿POR QUÉ GUERRILLERO?

No quisiera redundar en la muerte de ‘Jojoy’. Los medios de comunicación tradicionales ya han sido lo suficientemente extensos en el que se considera el más duro golpe a la guerrilla de las Farc. Los canales de televisión, que detuvieron su programación habitual, y las publicaciones extraordinarias de los periódicos, ya reseñaron por demás el asesinato del obtuso Víctor Suárez.

Aunque en Colombia estamos acostumbrados a odiar y ‘putiar’ a quien no nos plazca o con quien no estemos de acuerdo, no quiero recordar más las desagradables fotos del abatido guerrillero. Sólo felicitar a quienes a riesgo de su vida le hicieron inteligencia a las acciones de ese grupo armado que permitieron darle de baja a la idea de guerra más radical en las Farc.

Con la muerte del ‘Mono Jojoy’ la guerrilla perderá ánimo, organización de guerra, importancia de sus líderes, tendrá conflictos de intereses internos y hasta quedará sin muchos de sus hombres con las masivas deserciones. Pero ahí no hay victoria. A “rey muerto, rey puesto”, es la filosofía más acorde a la realidad de una Nación de eternos conflictos como la nuestra.

Las expresiones rozagantes, sonrientes y a veces hasta inhumanas de los miembros del Estado frente al bombardeo, son válidas por lo que representa la Operación Sodoma, pero no aportan nada más que peligrosa emotividad en un país que ha creado enemigos como máxime de los problemas del país y que se siente satisfecho con los bombardeos, muertes o capturas, que a su limitado modo de ver son las que conducirán a la paz. Pero no precisamente con guerra se hace la paz.

Quizá sea repetitivo decirlo: con la baja de Escobar no murieron ni el narcotráfico, ni el conflicto en Medellín; la capital de Antioquia sigue tomada por agentes al margen de la ley desde los paramilitares de La Terraza, hasta la Oficina de Envigado. Tampoco se ha acabado la guerrilla con las bajas de otros miembros del secretariado. Su poderío disminuye, pero siguen las razones del conflicto: desesperados colombianos sin oportunidades.

Colombia ahonda en la pobreza. Once millones de pobres e indigentes son un reflejo del frágil tejido social que existe en el país que se gasta la gasolina, el despliegue humano y las bombas de 30 aviones y 27 helicópteros en eliminar al enemigo público que servirá de trofeo para justificar la guerra, pero que no logrará ni un pequeño viso de paz. ¡Qué dinero tan útil hubiera sido para otros fines!

Los analistas políticos y del conflicto hacen su célebre aparición en los medios resolviendo la misma pregunta: ¿Está cerca el fin de las Farc? y muy poco queda claro. La verdad es ésta, la guerrilla seguirá siendo parte de un país desigual y excluyente como Colombia y sin importar quién la comande o como se llame, hará carrera en el conflicto nacional, simplemente por las mínimas garantías.

Nada justifica la toma de las armas, pero sin educación, con hambre y con rencor; un menor sin futuro o uno de los dos millones de desempleados que tenemos, puede engrosar fácilmente las filas de una anacrónica guerrilla como las Farc.

jueves, 16 de septiembre de 2010

¿COLOMBIA LAICA?



Un delito tipificado en el Código Penal hasta 1981, una enfermedad mental consagrada por la Organización Mundial de la Salud antes de 1990 y ahora una “anomalía sicológica” para el magistrado de la Corte Constitucional, Nilson Pinilla. Esas han sido las denominaciones para el homosexualismo.

Cuando Colombia se prepara para que esa Corte entregue su fallo definitivo sobre la aceptación o no de los matrimonios y la conformación de familias entre personas del mismo sexo, las declaraciones de Pinilla son poco garantes del proceso que se adelanta para dictar la sentencia. Sus afirmaciones parecen caer en el sesgo ideológico en el que ha estado inmerso el procurador ultra conservador de la Nación, por sus convicciones religiosas.

Acá inicia la paradoja. ¿Cómo es posible que un ‘guardián de la Constitución’, como es un magistrado de esa Corte, desconozca el mandato laico de ésta y quiera implementar su pensamiento religioso en la legislación nacional? El interés de la Constituyente del 91 por la libertad de cultos va más allá de permitir las diversas manifestaciones y aboga por las garantías del Estado para que en asuntos oficiales no prime ningún culto. ¡Pero esos son enrredos!

Nunca antes el Estado colombiano había estado tan permeado por los asuntos religiosos imperativos del catolicismo: ministros, funcionarios y hasta organismos de control en manos de radicales religiosos de corrientes como el Opus Dei. Con esas condiciones, no se podría estar cerca el humo blanco a favor de las uniones homosexuales.

El mundo, sin embargo, está tras esa lógica. Los propósitos de inclusión se han convertido en el común denominador de las causas mundiales: contra el racismo, la xenofobia y a favor de las comunidades LGTB.

Pero hasta ahora sólo 10 países y algunas jurisdicciones de Estados Unidos, han permitido estas uniones por la vía legal, manteniendo aún en vilo a millones de homosexuales sin garantías de seguridad social o de patrimonio familiar con sus parejas.

La liberación llegó a América Latina por el sur. Argentina fue el primer país que aprobó la enmienda legislativa que le daba vía libre a este tipo de uniones civiles para conformar una familia, muy a pesar y luego de presiones infructuosas de la influyente Iglesia Católica.

En Colombia, sin embargo, la espera será hasta noviembre cuando se dé el fallo, y aunque algunos manifiestan optimismo por el posible fallo a favor, no se puede olvidar que somos el país más ‘godo’ del Nuevo Mundo y que una decisión de esas sería una atentado a las leyes de la Santísima Trinidad.

domingo, 12 de septiembre de 2010

REPORTAJE



VOCES SIN ECO


3…2…1… ¡Al aire! Y empieza el noticiero. “Buenas, buenas, los periodistas les contamos lo que está sucediendo”, saludaba en los años 1980 el presentador del Noticiero Nacional, José Fernández Gómez.

Ya está todo dispuesto. El teleprompter, para que el presentador lea lo que tiene que decir en vivo; la cámara, con los encuadres perfectos que generen esos conceptos cada vez más difusos de credibilidad, objetividad e imparcialidad. Y por último, el escritorio rígido y seriote que dé sensación de aún más tensión de la que generan las propias noticias.

La noticia: la Universidad Santiago de Cali presentó un análisis sobre los contenidos de población infantil, afro e indígena que muestran algunos noticieros del país.

Como si fuéramos Juan Eduardo Jaramillo, el incisivo y gesticular presentador de RCN, y tal cual enseñan en la academia, hacemos énfasis en uno que otro dato. Empezamos a detallar: sólo el 3% del tiempo de los noticieros nacionales está dedicado a la población afro e indígena; en los canales locales llega al 6,95%; mientras en los regionales el espacio alcanza un 8,3%.

Del estudio se generaron otras conclusiones, una de ellas es el absolutismo que tiene la noticia como género predilecto en televisión, con un 97% de los contenidos analizados. En cuanto a la representación de estas minorías en los informativos, se dedujo que estos muestran a los grupos poblacionales como pobres, víctimas o agentes de la violencia, creando prejuicios y estereotipos en los televidentes.

‘El baile de los que sobran’

Presentando a todos los implicados, muy a lo Manuel Teodoro –el que viste paños de extraño color– esta noticia sigue su curso: los líderes de las comunidades afrocolombianas e indígenas opinan que no tienen una real representación en radio, prensa y televisión, pues en sus contenidos sólo están presentes los hechos relacionados con el conflicto de Colombia, que es lo que más sintonía genera.

“Los miembros de estas comunidades aparecen como parte de tragedias, pero nunca como agentes protagonistas de importantes decisiones”, cuenta el docente de Ética Periodística, Andrés Calle. El afro siempre será boxeador o deportista y el indígena se verá como un terrorista o revolucionario sin sentido, son las reacciones generalizadas de la investigación universitaria.

Sin cámaras escondidas, ni testimonios censurados como en Séptimo Día, el líder de Carabantú, una gestora cultural para los afrocolombianos en Manizales, lanza su opinión. Es Carlos Santhos, fotógrafo y antropólogo que dedica sus dos oficios a visibilizar los hechos de esa idiosincrasia, quien piensa que acabar con los estereotipos en los medios es una tarea compleja porque “los que hacen parte de ellos obedecen a círculos cerrados y están descontextualizados de la historia de nuestras comunidades”.

De forma similar, algunos miembros de asentamientos indígenas en Riosucio consideran que lo que se publica en los medios es una visión muy reducida de lo que ocurre al interior de su colectividad. Aunque un poco inseguro de responderle a este particular noticiero, Ernesto (no brindó su apellido), un miembro del resguardo de San Lorenzo, afirma que “los grandes ven a nuestras comunidades como pequeñas y no les interesa”, aludiendo a la discriminación que, según él, realizan los noticieros con ellos.

Aún hay más. Como esperaría Teodoro del trabajo de sus periodistas, acá también hay comentarios punzantes. “Muchos de ellos (los medios tradicionales) no son objetivos, buscan el amarillismo sin importarles el sentido humano”, opina el director de la parabólica Ingrumá de Riosucio, Abel Jaramillo.

Para ambas comunidades étnicas sus expresiones culturales están desterradas de los noticieros y los medios de comunicación en general. Y la afirmación parece cierta. Emulando el olfato investigativo de uno que otro periodista, encontramos este titular de hace dos años: Un artista indígena colombiano presenta en Nueva York su obra basada en la cultura inga”. Se trata de Benjamín Jacanamijoy de un resguardo de Putumayo, a quien la agencia española EFE le separó un espacio, pero ningún medio colombiano lo hizo. La prueba está en la red, en ninguna página web colombiana de informativos aparece publicado el hecho.

Estas minorías parecen ser ingredientes que se utilizan en la receta de los medios de comunicación para vanagloriarse del concepto de pluralidad, sin tener mucho de profundidad.

¿Dueños, periodistas o sociedad?

Las luces se encienden y ¡acción! Parafraseando a la bella María Cristina Uribe de Noticias Uno y a su esposo el ‘travieso’ investigador Daniel Coronell: “Lo que indican los indicadores” es que los grandes medios de comunicación del país están concentrados en poderosos grupos económicos o familias acaudaladas, que de muchas formas determinan el contenido de estos.

Para el periodista Richard Millán, allí está el problema del abandono a las minorías en las empresas mediáticas. “Más allá de quienes hacen la noticia, los que dan las directrices son los dueños y el reportero se debe ceñir a éstas”.

En contraste, otro colega, Ricardo Gómez de la Roche, ve el problema desde un punto de vista más. Él, que trabajó en los noticieros de Canal Capital y Caracol Televisión, considera que “la sociedad colombiana es excluyente y hemos marginado a estas comunidades étnicas, conservando como paradigma la raza blanca”.

“Y ¡qué tal esto!”, como diría ‘La Tata’ Uribe en su noticiero. Aunque en esta ocasión la expresión da para un asunto positivo. En la investigación universitaria se resaltó el trabajo de Telecafé Noticias por ser el único medio que continuamente realiza informes especiales, que tratan de cumplir el objetivo de profundidad de la información. Sin embargo, en la pantalla cafetera tampoco se logra la representación esperada de las minorías.

“Lo que tratamos de tener en cuenta es el hecho noticioso, independiente de a quién afecta”, cuenta el presentador de Telecafé Noticias, Juan Alberto Giraldo. Para él, aunque sí hace falta más cuidado con la asignación de espacios para estas poblaciones, termina primando lo que la agenda de hechos noticiosos sobresale en un día.

Más allá de los tradicionales

En Contravía, como lo hace Hollman Morris, sigue la voz para las comunidades minoritarias del país. Los miembros de estas colectividades étnicas han entendido la importancia de manejar los medios como una herramienta de servicio público y han buscado alternativas para transmitir sus expresiones culturales y acontecimientos en canales de televisión o radios comunitarias.

La asignación de frecuencias radiales y la creación de parabólicas han aumentado la difusión, por lo menos al interior de su población. “Para que salgan adelante estos medios son necesarias la capacitación y las bondades técnicas”, opina Juan Carlos Duque, miembro de Ingrumá Televisión y Armonías del Ingrumá de Riosucio.

El problema de la capacitación se intenta solucionar con cooperación internacional. No hay que ir muy lejos para encontrar que en el oriente de Caldas, el programa Cercapaz GTZ brinda asesoría en medios con el objetivo de realizar “un periodismo responsable, que sea mediador y no se case con la administración, ni con líderes políticos, pero que tampoco sea enemigo de ellos”, comenta Juan Sebastián Castaño, consultor de este proyecto de cooperación colombo alemán.

Siguiendo En Contravía, el periodismo comunitario está inmerso en las que son o han sido ‘zonas rojas’ del conflicto armado del país. La tarea parece compleja, pero Castaño cuenta con satisfacción que “hay mucha recepción para aprender a manejar los medios y las mejorías se van notando”.

Fin de la emisión. Las cámaras terminan su labor y las luces se apagan, ya no hay acción. Mientras los periodistas estrellas de los tradicionales noticieros del país continúan su trabajo, en las minorías étnicas se abren espacio nuevas formas para contar los hechos que ni suenan ni truenan en las grande emisoras, periódicos y canales de televisión. Las voces sin eco buscan figuración para que el país excluyente incorpore, o por lo menos acepte su idiosincrasia.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

LA OTRA TIERRA PROMETIDA

La constante disputa en la que está inmersa la sociedad mundial actual afecta todas las variables posibles que estudian las Ciencias Sociales: lo cultural, lo político, lo social y lo económico. Sin embargo, en la mayoría de conflictos internacionales el causante y juez de la guerra es éste último, combinado con el poder.

Los mandatarios, obsesionados con la guerra como fin lucrativo; crean ideologías, imponen odios, arman enemistades donde no las debe haber y buscan, como dice el adagio, dividir para reinar.

Esa estrategia funciona y los pueblos terminan luchando por falsos ideales. Como reza la frase, “la guerra es una masacre de gentes que no se conocen, para provecho de gentes que sí se conocen, pero no se masacran”. El ajedrez del poder político impera sobre la frágil voluntad de los pueblos.

De ese modo es que ocurre el ya prolongado conflicto entre israelíes y palestinos. Las divergencias culturales, que en otros lugares del planeta pasan desapercibidas (como en ciudades cosmopolitas) en el Oriente Próximo parecen no tener solución cercana por los intereses político-económicos que giran alrededor, específicamente por dos palabras que no hacen feliz al mundo: USA y petróleo.

La guerra que se vive en la cuna de las religiones está desatada por una discusión de dominio de tierras. Pero no por extensas llanuras de terreno fértil. Lamentablemente es por algo más de 22.000 km² (algo así como la superficie del departamento del Valle) que es la extensión del Estado de Israel, que desde su fundación en 1948 ha osado tomarse con poder militar gringo, más de los territorios palestinos que les otorgó la ONU.

El radicalismo religioso acentúa aún más la profunda crisis de tierras que viven ambas naciones. Mientras los palestinos están acorralados por la avanzada israelí y estadounidense para despojarlos de sus territorios; los judíos que llegan a vivir a los asentamientos están inmersos dentro de un contexto cultural que no es el suyo y subsisten rodeados de la amenaza militar de los grupos insurgentes.

La tierra prometida para Israel llegó con creces y se disolvió con descaro para el pueblo de Palestina. La posesión de territorio se volvió sinónimo de poder y el destierro fue el destino para los más desprotegidos.

Guardadas proporciones, es la desgracia colombiana. Actores armados llamados guerrilla, paramilitares o narcos, han desterrado a millones de colombianos, condenándolos a una desconocida y feroz vida urbana. Son más de 3 millones de hectáreas tomadas por los actores del conflicto que a los campesinos propietarios originales les siguen siendo ajenas.

Este gobierno dice ser el reformista que ojalá, a diferencia de la decisión de la ONU en 1948, sí sepa entregar la tierra prometida a los desplazados de nuestra Nación, quienes hoy son los que reclaman los cambios legislativos para resolver el conflicto armado de Colombia por su raíz, la redistribución equitativa de tierras.