miércoles, 6 de octubre de 2010

SIN LÍMITES ¿QUÉ MODELO?

Despreciar el proteccionismo y abrirse a los mercados mundiales con la idea neoliberal de globalización económica fue el discurso recurrente y que había logrado un éxito inconmensurable durante las últimas décadas del siglo XX, luego de que el capitalismo se impusiera sobre su némesis.

Las lógicas de los mercados bursátiles se acentuaron y el capitalismo salvaje empezó a regir en una economía en la que empezó a importar la consecución de riquezas sobre todas las éticas, principios y legislaciones; donde el Estado, catalogado de ineficiente y hasta estorboso, se convertía sólo en simple espectador de los actos de grande magnates y grupos económicos que por sí solos superaban el PIB de varias decenas de países en el mundo.

Pero el frenético modelo que en menos de dos décadas concentró incontables capitales, creó productos y modos de consumo por doquier; tuvo sus honras fúnebres en el septiembre negro de hace dos años, cuando el pánico rodeó a Wall Street con la quiebra de varias legendarias entidades financieras.

El cuento mágico de las hipotecas sin límites, de negociar con el dinero de los contribuyentes a través de fondos y otras inversiones y asignar créditos sin responsabilidad alguna, acabó con la caída de los precios de activos sobrevalorados. Por esta misma época en 2008, llegó el crash (estallido) definitivo a una economía que se había convertido más que peligrosamente especulativa, ficticia.

Los que miraban al Estado por encima del hombro y creían que su papel se había convertido en el de las arcaicas monarquías, tuvieron que ver cómo el gobierno de Bush nacionalizaba bancos, capitalizaba otros e inyectaba capital a la economía estadounidense para salvarla de un colapso mayor. La esfera pública le tuvo que poner reglas a la privada.

De eso ya van dos años y aunque muchos abogaron por un nuevo modelo económico que le pusiera fin a la desmedida acción del capitalismo salvaje, no hay muchos avances, pues los intereses del dinero que está en juego priman sobre el aparato estatal.

La soberanía se ha visto en detrimento por la superioridad de las multinacionales y los gigantescos grupos económicos frente a las ramas del poder público. Comprar leyes, justicia y a un presidente, puede ser la mejor herramienta para que esta práctica del libertinaje de mercado siga haciendo carrera.

Basta de imposiciones económicas al Estado. Que las EPS suministren los servicios de salud a los que están obligadas; que los bancos no sigan presionando para que las reformas tributarias los favorezcan y que los grandes capitalistas no soliciten más exenciones de impuestos sin sentido alguno. El Estado no es un pelele y las reglas son la clave para que no haya más crashque nos tomen por sorpresa.

lunes, 27 de septiembre de 2010

¿POR QUÉ GUERRILLERO?

No quisiera redundar en la muerte de ‘Jojoy’. Los medios de comunicación tradicionales ya han sido lo suficientemente extensos en el que se considera el más duro golpe a la guerrilla de las Farc. Los canales de televisión, que detuvieron su programación habitual, y las publicaciones extraordinarias de los periódicos, ya reseñaron por demás el asesinato del obtuso Víctor Suárez.

Aunque en Colombia estamos acostumbrados a odiar y ‘putiar’ a quien no nos plazca o con quien no estemos de acuerdo, no quiero recordar más las desagradables fotos del abatido guerrillero. Sólo felicitar a quienes a riesgo de su vida le hicieron inteligencia a las acciones de ese grupo armado que permitieron darle de baja a la idea de guerra más radical en las Farc.

Con la muerte del ‘Mono Jojoy’ la guerrilla perderá ánimo, organización de guerra, importancia de sus líderes, tendrá conflictos de intereses internos y hasta quedará sin muchos de sus hombres con las masivas deserciones. Pero ahí no hay victoria. A “rey muerto, rey puesto”, es la filosofía más acorde a la realidad de una Nación de eternos conflictos como la nuestra.

Las expresiones rozagantes, sonrientes y a veces hasta inhumanas de los miembros del Estado frente al bombardeo, son válidas por lo que representa la Operación Sodoma, pero no aportan nada más que peligrosa emotividad en un país que ha creado enemigos como máxime de los problemas del país y que se siente satisfecho con los bombardeos, muertes o capturas, que a su limitado modo de ver son las que conducirán a la paz. Pero no precisamente con guerra se hace la paz.

Quizá sea repetitivo decirlo: con la baja de Escobar no murieron ni el narcotráfico, ni el conflicto en Medellín; la capital de Antioquia sigue tomada por agentes al margen de la ley desde los paramilitares de La Terraza, hasta la Oficina de Envigado. Tampoco se ha acabado la guerrilla con las bajas de otros miembros del secretariado. Su poderío disminuye, pero siguen las razones del conflicto: desesperados colombianos sin oportunidades.

Colombia ahonda en la pobreza. Once millones de pobres e indigentes son un reflejo del frágil tejido social que existe en el país que se gasta la gasolina, el despliegue humano y las bombas de 30 aviones y 27 helicópteros en eliminar al enemigo público que servirá de trofeo para justificar la guerra, pero que no logrará ni un pequeño viso de paz. ¡Qué dinero tan útil hubiera sido para otros fines!

Los analistas políticos y del conflicto hacen su célebre aparición en los medios resolviendo la misma pregunta: ¿Está cerca el fin de las Farc? y muy poco queda claro. La verdad es ésta, la guerrilla seguirá siendo parte de un país desigual y excluyente como Colombia y sin importar quién la comande o como se llame, hará carrera en el conflicto nacional, simplemente por las mínimas garantías.

Nada justifica la toma de las armas, pero sin educación, con hambre y con rencor; un menor sin futuro o uno de los dos millones de desempleados que tenemos, puede engrosar fácilmente las filas de una anacrónica guerrilla como las Farc.

jueves, 16 de septiembre de 2010

¿COLOMBIA LAICA?



Un delito tipificado en el Código Penal hasta 1981, una enfermedad mental consagrada por la Organización Mundial de la Salud antes de 1990 y ahora una “anomalía sicológica” para el magistrado de la Corte Constitucional, Nilson Pinilla. Esas han sido las denominaciones para el homosexualismo.

Cuando Colombia se prepara para que esa Corte entregue su fallo definitivo sobre la aceptación o no de los matrimonios y la conformación de familias entre personas del mismo sexo, las declaraciones de Pinilla son poco garantes del proceso que se adelanta para dictar la sentencia. Sus afirmaciones parecen caer en el sesgo ideológico en el que ha estado inmerso el procurador ultra conservador de la Nación, por sus convicciones religiosas.

Acá inicia la paradoja. ¿Cómo es posible que un ‘guardián de la Constitución’, como es un magistrado de esa Corte, desconozca el mandato laico de ésta y quiera implementar su pensamiento religioso en la legislación nacional? El interés de la Constituyente del 91 por la libertad de cultos va más allá de permitir las diversas manifestaciones y aboga por las garantías del Estado para que en asuntos oficiales no prime ningún culto. ¡Pero esos son enrredos!

Nunca antes el Estado colombiano había estado tan permeado por los asuntos religiosos imperativos del catolicismo: ministros, funcionarios y hasta organismos de control en manos de radicales religiosos de corrientes como el Opus Dei. Con esas condiciones, no se podría estar cerca el humo blanco a favor de las uniones homosexuales.

El mundo, sin embargo, está tras esa lógica. Los propósitos de inclusión se han convertido en el común denominador de las causas mundiales: contra el racismo, la xenofobia y a favor de las comunidades LGTB.

Pero hasta ahora sólo 10 países y algunas jurisdicciones de Estados Unidos, han permitido estas uniones por la vía legal, manteniendo aún en vilo a millones de homosexuales sin garantías de seguridad social o de patrimonio familiar con sus parejas.

La liberación llegó a América Latina por el sur. Argentina fue el primer país que aprobó la enmienda legislativa que le daba vía libre a este tipo de uniones civiles para conformar una familia, muy a pesar y luego de presiones infructuosas de la influyente Iglesia Católica.

En Colombia, sin embargo, la espera será hasta noviembre cuando se dé el fallo, y aunque algunos manifiestan optimismo por el posible fallo a favor, no se puede olvidar que somos el país más ‘godo’ del Nuevo Mundo y que una decisión de esas sería una atentado a las leyes de la Santísima Trinidad.

domingo, 12 de septiembre de 2010

REPORTAJE



VOCES SIN ECO


3…2…1… ¡Al aire! Y empieza el noticiero. “Buenas, buenas, los periodistas les contamos lo que está sucediendo”, saludaba en los años 1980 el presentador del Noticiero Nacional, José Fernández Gómez.

Ya está todo dispuesto. El teleprompter, para que el presentador lea lo que tiene que decir en vivo; la cámara, con los encuadres perfectos que generen esos conceptos cada vez más difusos de credibilidad, objetividad e imparcialidad. Y por último, el escritorio rígido y seriote que dé sensación de aún más tensión de la que generan las propias noticias.

La noticia: la Universidad Santiago de Cali presentó un análisis sobre los contenidos de población infantil, afro e indígena que muestran algunos noticieros del país.

Como si fuéramos Juan Eduardo Jaramillo, el incisivo y gesticular presentador de RCN, y tal cual enseñan en la academia, hacemos énfasis en uno que otro dato. Empezamos a detallar: sólo el 3% del tiempo de los noticieros nacionales está dedicado a la población afro e indígena; en los canales locales llega al 6,95%; mientras en los regionales el espacio alcanza un 8,3%.

Del estudio se generaron otras conclusiones, una de ellas es el absolutismo que tiene la noticia como género predilecto en televisión, con un 97% de los contenidos analizados. En cuanto a la representación de estas minorías en los informativos, se dedujo que estos muestran a los grupos poblacionales como pobres, víctimas o agentes de la violencia, creando prejuicios y estereotipos en los televidentes.

‘El baile de los que sobran’

Presentando a todos los implicados, muy a lo Manuel Teodoro –el que viste paños de extraño color– esta noticia sigue su curso: los líderes de las comunidades afrocolombianas e indígenas opinan que no tienen una real representación en radio, prensa y televisión, pues en sus contenidos sólo están presentes los hechos relacionados con el conflicto de Colombia, que es lo que más sintonía genera.

“Los miembros de estas comunidades aparecen como parte de tragedias, pero nunca como agentes protagonistas de importantes decisiones”, cuenta el docente de Ética Periodística, Andrés Calle. El afro siempre será boxeador o deportista y el indígena se verá como un terrorista o revolucionario sin sentido, son las reacciones generalizadas de la investigación universitaria.

Sin cámaras escondidas, ni testimonios censurados como en Séptimo Día, el líder de Carabantú, una gestora cultural para los afrocolombianos en Manizales, lanza su opinión. Es Carlos Santhos, fotógrafo y antropólogo que dedica sus dos oficios a visibilizar los hechos de esa idiosincrasia, quien piensa que acabar con los estereotipos en los medios es una tarea compleja porque “los que hacen parte de ellos obedecen a círculos cerrados y están descontextualizados de la historia de nuestras comunidades”.

De forma similar, algunos miembros de asentamientos indígenas en Riosucio consideran que lo que se publica en los medios es una visión muy reducida de lo que ocurre al interior de su colectividad. Aunque un poco inseguro de responderle a este particular noticiero, Ernesto (no brindó su apellido), un miembro del resguardo de San Lorenzo, afirma que “los grandes ven a nuestras comunidades como pequeñas y no les interesa”, aludiendo a la discriminación que, según él, realizan los noticieros con ellos.

Aún hay más. Como esperaría Teodoro del trabajo de sus periodistas, acá también hay comentarios punzantes. “Muchos de ellos (los medios tradicionales) no son objetivos, buscan el amarillismo sin importarles el sentido humano”, opina el director de la parabólica Ingrumá de Riosucio, Abel Jaramillo.

Para ambas comunidades étnicas sus expresiones culturales están desterradas de los noticieros y los medios de comunicación en general. Y la afirmación parece cierta. Emulando el olfato investigativo de uno que otro periodista, encontramos este titular de hace dos años: Un artista indígena colombiano presenta en Nueva York su obra basada en la cultura inga”. Se trata de Benjamín Jacanamijoy de un resguardo de Putumayo, a quien la agencia española EFE le separó un espacio, pero ningún medio colombiano lo hizo. La prueba está en la red, en ninguna página web colombiana de informativos aparece publicado el hecho.

Estas minorías parecen ser ingredientes que se utilizan en la receta de los medios de comunicación para vanagloriarse del concepto de pluralidad, sin tener mucho de profundidad.

¿Dueños, periodistas o sociedad?

Las luces se encienden y ¡acción! Parafraseando a la bella María Cristina Uribe de Noticias Uno y a su esposo el ‘travieso’ investigador Daniel Coronell: “Lo que indican los indicadores” es que los grandes medios de comunicación del país están concentrados en poderosos grupos económicos o familias acaudaladas, que de muchas formas determinan el contenido de estos.

Para el periodista Richard Millán, allí está el problema del abandono a las minorías en las empresas mediáticas. “Más allá de quienes hacen la noticia, los que dan las directrices son los dueños y el reportero se debe ceñir a éstas”.

En contraste, otro colega, Ricardo Gómez de la Roche, ve el problema desde un punto de vista más. Él, que trabajó en los noticieros de Canal Capital y Caracol Televisión, considera que “la sociedad colombiana es excluyente y hemos marginado a estas comunidades étnicas, conservando como paradigma la raza blanca”.

“Y ¡qué tal esto!”, como diría ‘La Tata’ Uribe en su noticiero. Aunque en esta ocasión la expresión da para un asunto positivo. En la investigación universitaria se resaltó el trabajo de Telecafé Noticias por ser el único medio que continuamente realiza informes especiales, que tratan de cumplir el objetivo de profundidad de la información. Sin embargo, en la pantalla cafetera tampoco se logra la representación esperada de las minorías.

“Lo que tratamos de tener en cuenta es el hecho noticioso, independiente de a quién afecta”, cuenta el presentador de Telecafé Noticias, Juan Alberto Giraldo. Para él, aunque sí hace falta más cuidado con la asignación de espacios para estas poblaciones, termina primando lo que la agenda de hechos noticiosos sobresale en un día.

Más allá de los tradicionales

En Contravía, como lo hace Hollman Morris, sigue la voz para las comunidades minoritarias del país. Los miembros de estas colectividades étnicas han entendido la importancia de manejar los medios como una herramienta de servicio público y han buscado alternativas para transmitir sus expresiones culturales y acontecimientos en canales de televisión o radios comunitarias.

La asignación de frecuencias radiales y la creación de parabólicas han aumentado la difusión, por lo menos al interior de su población. “Para que salgan adelante estos medios son necesarias la capacitación y las bondades técnicas”, opina Juan Carlos Duque, miembro de Ingrumá Televisión y Armonías del Ingrumá de Riosucio.

El problema de la capacitación se intenta solucionar con cooperación internacional. No hay que ir muy lejos para encontrar que en el oriente de Caldas, el programa Cercapaz GTZ brinda asesoría en medios con el objetivo de realizar “un periodismo responsable, que sea mediador y no se case con la administración, ni con líderes políticos, pero que tampoco sea enemigo de ellos”, comenta Juan Sebastián Castaño, consultor de este proyecto de cooperación colombo alemán.

Siguiendo En Contravía, el periodismo comunitario está inmerso en las que son o han sido ‘zonas rojas’ del conflicto armado del país. La tarea parece compleja, pero Castaño cuenta con satisfacción que “hay mucha recepción para aprender a manejar los medios y las mejorías se van notando”.

Fin de la emisión. Las cámaras terminan su labor y las luces se apagan, ya no hay acción. Mientras los periodistas estrellas de los tradicionales noticieros del país continúan su trabajo, en las minorías étnicas se abren espacio nuevas formas para contar los hechos que ni suenan ni truenan en las grande emisoras, periódicos y canales de televisión. Las voces sin eco buscan figuración para que el país excluyente incorpore, o por lo menos acepte su idiosincrasia.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

LA OTRA TIERRA PROMETIDA

La constante disputa en la que está inmersa la sociedad mundial actual afecta todas las variables posibles que estudian las Ciencias Sociales: lo cultural, lo político, lo social y lo económico. Sin embargo, en la mayoría de conflictos internacionales el causante y juez de la guerra es éste último, combinado con el poder.

Los mandatarios, obsesionados con la guerra como fin lucrativo; crean ideologías, imponen odios, arman enemistades donde no las debe haber y buscan, como dice el adagio, dividir para reinar.

Esa estrategia funciona y los pueblos terminan luchando por falsos ideales. Como reza la frase, “la guerra es una masacre de gentes que no se conocen, para provecho de gentes que sí se conocen, pero no se masacran”. El ajedrez del poder político impera sobre la frágil voluntad de los pueblos.

De ese modo es que ocurre el ya prolongado conflicto entre israelíes y palestinos. Las divergencias culturales, que en otros lugares del planeta pasan desapercibidas (como en ciudades cosmopolitas) en el Oriente Próximo parecen no tener solución cercana por los intereses político-económicos que giran alrededor, específicamente por dos palabras que no hacen feliz al mundo: USA y petróleo.

La guerra que se vive en la cuna de las religiones está desatada por una discusión de dominio de tierras. Pero no por extensas llanuras de terreno fértil. Lamentablemente es por algo más de 22.000 km² (algo así como la superficie del departamento del Valle) que es la extensión del Estado de Israel, que desde su fundación en 1948 ha osado tomarse con poder militar gringo, más de los territorios palestinos que les otorgó la ONU.

El radicalismo religioso acentúa aún más la profunda crisis de tierras que viven ambas naciones. Mientras los palestinos están acorralados por la avanzada israelí y estadounidense para despojarlos de sus territorios; los judíos que llegan a vivir a los asentamientos están inmersos dentro de un contexto cultural que no es el suyo y subsisten rodeados de la amenaza militar de los grupos insurgentes.

La tierra prometida para Israel llegó con creces y se disolvió con descaro para el pueblo de Palestina. La posesión de territorio se volvió sinónimo de poder y el destierro fue el destino para los más desprotegidos.

Guardadas proporciones, es la desgracia colombiana. Actores armados llamados guerrilla, paramilitares o narcos, han desterrado a millones de colombianos, condenándolos a una desconocida y feroz vida urbana. Son más de 3 millones de hectáreas tomadas por los actores del conflicto que a los campesinos propietarios originales les siguen siendo ajenas.

Este gobierno dice ser el reformista que ojalá, a diferencia de la decisión de la ONU en 1948, sí sepa entregar la tierra prometida a los desplazados de nuestra Nación, quienes hoy son los que reclaman los cambios legislativos para resolver el conflicto armado de Colombia por su raíz, la redistribución equitativa de tierras.



martes, 31 de agosto de 2010

¿GARANTÍAS? ¿CUÁLES?


Con la promesa del gobierno de Santos de crear un estatuto de oposición en el que se le brinden garantías a quienes no hagan parte de la aplanadora santista, se creó un nuevo aire en las tormentosas relaciones que existieron entre gobierno y oposición durante los dos períodos de Uribe.

Así, parecían perder valor las primeras afirmaciones contra el gobierno hechas por el senador del Polo Jorge Enrique Robledo. Sus declaraciones sonaban como quejas sin sentido y oposición dañina, pensamiento original de muchos fanáticos gobiernistas.

La tesis se reforzaba. Juan Manuel Santos tiene enamorado a un país que aún se sorprende con los actos de gobierno. Algunos críticos furibundos de la era de Uribe dicen declararse ‘santistas’ y muchos creemos que no habrá nada más bajo que lo vivido entre 2006 y agosto de este año. Bueno, eso esperamos.

Pero la magia resulta no ser tan completa. En un país con visos de una peligrosa unanimidad llamada ‘Unidad Nacional’, los espacios para las minorías y las voces divergentes resultan vitales para la existencia de una democracia y son necesarios para la legitimidad de las instituciones vapuleadas en el anterior gobierno.

El ministro Vargas Lleras, seguramente en un esfuerzo sobrehumano, fue a la sede del Polo Democrático a “concertar” con su mesa directiva un acuerdo para establecer el llamado estatuto de oposición, ésa idea que está consignada en la Constitución, pero que todos los gobiernos (y con creces el de Uribe) se pasaban por la galleta. Pero la iniciativa, por ahora, no deja de ser más que una sensación para crear buenas relaciones entre ambos sectores.

El gobierno dice que ofrecerá garantías a la oposición para que ejerzan su papel y por ahora han concedido dos favores, si es que se les puede llamar así: uno es que no habrá más chuzadas del DAS y el otro es la eliminación del adjetivo terrorista para referirse a la oposición. ¡Qué garantías!

Ahora resulta ser un favor no llamarles terroristas a quienes piensen diferente y es un honor que este gobierno no espíe ni realice guerra sucia contra sus contendores. Agradecimientos, buena imagen y la consolidación de la unanimidad son los réditos que busca el santismo con estas medidas.

El estatuto de oposición apenas está en discusión y las plenas garantías que ya ha exigido la oposición, parecen ser muy pretensiosas para el gobierno. El Polo rechazó la reelección en su cargo del director del DAS, el organismo que los ha espiado, y además pidió representación en la Comisión de Acusaciones y en los Organismos de Control. Y ya Vargas Lleras tiene sus reservas.

El señor ministro considera que los Organismos de Control no pueden estar en manos de la oposición porque en ellos no hay espacio político. ¿Qué no? El clientelismo de la Procuraduría actual y sus pactos es la muestra evidente de que estos organismos están más que politizados y requieren de la administración de un sector como la oposición, que puede ejercer más que eso, un control político sobre el gobierno de turno. Sería la lógica genuina de pesos y contrapesos.

En la práctica, las garantías están lejos. Lo que pasó en la elección de los magistrados del CNE deja mucho qué desear, pues la coalición de gobierno empezó a ejercer su dominio sobre los otros sectores políticos y el espacio que tenía la oposición quedó en manos del cuestionado PIN.

Con el predominio del clientelismo en la política y con mayorías absolutas obsesionadas por el poder, es muy difícil crear reales condiciones para ejercer oposición y control político al gobierno de turno. Será muy fácil confeccionar dictaduras democráticas.

domingo, 22 de agosto de 2010

EL CANAL DE PALACIO


En épocas del nacionalsocialismo, Hitler descubrió un arma efectiva que sin ser bélica, le permitía aumentar sus mayorías y apoyo al interior de Alemania. Fue la radio, el medio que controló y luego popularizó, a través de la cual logró la persuasión que puso a su hostil gobierno como uno de los más populares de la época.

Ahora el poder se obtiene de la televisión. El mundo visual y el desempeño de los gobernantes en la popular cajita mágica fue la piedra en el zapato para algunos presidentes y la mejor lotería para otros. Esta última fue la suerte de Uribe en sus ocho años de mandato.

Aclamado por la prensa y los columnistas de la época que encontraron en él la salida para el conflicto del país, los medios de comunicación se volvieron aliados irrestrictos del mandatario de turno. En su lucha contra la guerrilla, en su agenda legislativa, amparándolo de sus primeros escándalos, en las reelecciones y hasta en el caído referendo.

En Colombia los medios no han sido las grandes empresas que aparentan ser y su poder de opinión pública nunca ha estado a la altura o más que la de los gobiernos, por lo que siempre han dependido en su mayoría de estos y han asumido una visión positiva de sus gestiones.

Durante los dos cuatrienios de Uribe, esa posición fue más que evidente en la Casa Editorial El Tiempo (con ‘Pacho’ de vicepresidente incluido) y en el canal RCN, que validó el coloquial significado de su sigla como la radio de la casa de gobierno.

El poder de persuasión que crea en los televidentes un canal con la sintonía de RCN no podía desaprovecharlo un gobierno interesado en la imagen y propaganda como el de Uribe. Desde la primera semana de su mandato, aprovechó la televisión pública para el neopopulismo de sus consejos comunales y la televisión privada, con sus intereses de por medio, lo empezó a replicar.

Así nacieron los espacios que trivializaron la política, al punto de ponerla al nivel de la farsándula criolla. La Cosa Política fue la primera cosa de ésas que a manos de Vicky Dávila volvió un chiste todo el acontecer de ministros, embajadores, senadores y por supuesto del presidente, enalteciendo sobre todas las cosas la labor de éste. “Parece que ella tuviera un orgasmo cuando va a hablar de Uribe”, contaba con gracia el crítico Ómar Rincón en el documental Teleuribización.

Poco cubrimiento en los casos de falsos positivos, excesivo nacionalismo en el bombardeo a Raúl Reyes, exaltación de la noticia en el caso DMG y apoyo editorial al gobierno Uribe, fueron otras demostraciones que el canal del magnate Carlos Ardila Lullë realizó como lealtad al mandatario que le permitió vender Etanol a elevados precios e incluirlo como requisito en las gasolineras de todo el país. Todos esos favores se pagan, como lo demostró el portal la Silla Vacía con la descripción de ex trabajadores de RCN que ahora ocupan cargos en el gobierno.

La autocensura por intereses fue la constante en los pequeños-grandes medios de comunicación del país en busca del buen trato gubernamental, la independencia periodística fue digna aunque de unos pocos y el poder mediático, como el dinero, se siguió concentrando.

Por ahora el espacio libre está en Internet, hasta que, como con Hitler, el gobierno lo controle y lo convierta en la Red de Palacio.

lunes, 16 de agosto de 2010

GIRO EN U


El 26 de febrero de este año, cuando la Corte Constitucional determinó que Álvaro Uribe no podría ser elegido nuevamente presidente de Colombia, un grupo de entusiastas ciudadanos con carteles, camisetas y arengando a favor de la Corte, se ‘tomaron’ el frente del Palacio de Justicia con la consigna de felicitar a los magistrados por “mantener viva la democracia del país”. El grupo era integrado en su mayoría por jóvenes.

Eso no tendría nada raro. Históricamente activos jóvenes se han movilizado en defensa de los derechos propios y de sus semejantes, como en las viejas luchas de mayo de 1968 en Francia y del 8 y 9 de junio de 1929 en Colombia. Y aunque les haya generado el rótulo de revolucionarios, en muchas ocasiones han logrado su cometido.

“Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”, decía el ex presidente socialista de Chile, Salvador Allende. Quizá asuste a muchos lectores el referente izquierdista, en un país volcado a un giro radical hacia los principios conservadores y a la imposición del orden sobre la libertad.

Así que acá sí se volvió poco común ese tipo de manifestaciones juveniles. Salvo las asambleas de los estudiantes que a veces terminaban en no convenientes paros emotivos, en sus dos cuatrienios Uribe no tuvo la oposición de un sólido movimiento de jóvenes que lograra crear conciencia colectiva frente a los consecutivos escándalos que azotaron a su gobierno: para política, falsos positivos, ‘chuzadas’ del DAS y otros cuantos más, se quedaron en el plano crítico pero pasivo.

Sí prosperaron movilizaciones en contra de las Farc – que a la postre sirvió para recoger firmas para la reelección – o en agradecimiento a la labor de Uribe, impulsadas increíblemente por jóvenes, tradicionalmente rivales del establecimiento gubernamental.

La era Uribe trastocó la ideología de todo un país y amedrentó cualquier representación de izquierda que existiera. El apoyo mediático y la favorable imagen del Presidente, convencieron a millones de jóvenes en Colombia que en plena formación de su pensamiento político, adoptaron los pensamientos derechistas del mandatario.

Ahora esa gran cantidad de jóvenes comulgan con ideales que el revolucionario de antes atacaba. Según la firma encuestadora estadounidense Zogby, en Colombia el 63% de los jóvenes apoya el libre comercio y cree firmemente que beneficia a todos, mientras que otro tanto parecido pide más autoridad del Estado, sacrificando ese concepto de libertad que otros defendían.

La perpetuidad de Uribe en el poder acentuó el giro a la derecha y consolidó el famoso 84% de población uribista, que además hastiada con la vía armada de las Farc se alejó del pensamiento izquierdista por relacionarlo con las bases ideológicas de la guerrilla.

El mesianismo que se generó trajo consigo desventajas como la aceptación de las prácticas de este gobierno en el que el fin justifica los medios y dejó en la memoria colectiva de esos jóvenes uribistas, la aceptación de esa premisa.

Sin embargo, el desgaste del uribismo generó la reacción más emotiva que política de un significativo grupo de jóvenes en la llamada Ola Verde. La movilización fue grande, pero los resultados frustrantes para una comunidad esperanzada en el cambio del país, aunque careciera de propuestas de fondo para hacerlo.

Lo que logró la Ola Verde está en entredicho y requiere de esa persistencia de los jóvenes activos y revolucionarios para que logremos el cambio positivo. La frustración que nos causó la política debe quedar atrás y la participación en ésta debe crecer desde la posición ideológica que sea.

martes, 6 de julio de 2010

UNIDAD NACIONAL Y TERCERA VÍA



A un mes de la posesión de Juan Manuel Santos como nuevo presidente de Colombia, tras su contundente pero no completamente limpia victoria (las inconsistencias en los formatos E-14 no se pueden olvidar) ya hay hechos del nuevo gobierno que marcan la pauta de lo que ocurrirá en los próximos 4 o quizá 8 años.


El llamado a la Unidad Nacional deja de ser un simple nombre con el que está disimulado el Partido de la U de Uribe y ahora de Santos, para convertirse en un dilema ético y pragmático en la aplicación del nuevo gobierno desde el 7 de agosto. Bien puede significar la esperada repartición burocrática y el clientelismo que tanto anunciamos que ocurrirá con Santos; eso, aunque los ministerios hasta ahora se han asignado por mérito, se terminará develando en el comprometido politiquero gobierno de coalición que quiso establecer el nuevo presidente.


Los optimistas (y también santistas, obviamente) no piensan igual. Incluso, analistas políticos con todas las credenciales y hasta alejados de las prácticas de gobierno que impuso el uribismo por 8 años, coinciden en la esperanza que significa la Unidad Nacional. Por encima del postulado clientelista, opinan que esta política de gobierno acabará con la polarización, reducirá las tensiones entre los poderes públicos, le abrirá un respetuoso espacio a la oposición y establecerá un camino de diálogo sin el estilo obtuso de Álvaro Uribe.


Los actos de pre-gobierno de Juan Manuel tienen enamorado al país e incluso a algunos aristócratas que desde las editoriales de los periódicos juzgaron su candidatura presidencial en franco favorecimiento a la de Mockus. Pero lo de Santos sigue siendo apenas teoría y por ahora no se queda más que en intenciones. El camino que tome la Unidad Nacional no es claro, pues las prácticas del naciente ‘santismo’ dan para pensar tanto en la dañina burocracia partidista como en los utópicos deseos de asociación política, necesarios para el detrimento de la profunda división en Colombia. Sin embargo, la idea de por sí ya es valerosa, pues empieza a marcar diferencias con la gestión realizada por Uribe.


En ese sentido, la distancia de la era Santos con la moribunda era Uribe, parece ya establecerse con simples declaraciones del nuevo presidente. Un caso muy diciente es el de la Tercera Vía, el modelo económico-político con el que Juan Manuel describió en varios medios de comunicación que sería su gobierno.


Dicho planteamiento teórico, trasnochado para algunos, heroico para otros, aplicable en muchos países e inservible en unos cuantos más, no deja de parecer una medida populista más del próximo presidente para acercar a sus más acérrimos contendores. La Tercera Vía, que está en la mitad del capitalismo salvaje y del socialismo corrupto, quiere sellar la lógica de la Unidad contra la polarización.


Adicional a la burocracia, eso convenció a los liberales de seguir el camino santista. También eso significó exhibir las llaves de la pesada puerta que separaba a gobierno y oposición, para sentarlos a plantear temas de suma urgencia en beneficio del ambiente, el agro y la justicia social, que fueron los dialogados por Santos con el nuevamente rechazado en el Polo, Gustavo Petro. Esas intenciones de abrir caminos ideológicos y derrocar de la agenda nacional la monotemática disyuntiva de las Farc, son las que deben tener enfurecido al prontamente ex presidente Uribe y desde la barrera expectantes a muchos escépticos y críticos ‘antisantistas’.


No terminan las reservas, los temores y las críticas a lo que pueda ser un gobierno presidido por Juan Manuel Santos. Tampoco se van los imposibles éticos de permitir que nuestro jefe de estado sea el responsable político de los llamados 'falsos positivos’ y de varios actos de corrupción. Pero algo hay de Uribe a Santos, una pequeña diferencia en el actuar, que augura algo diferente en quien ocupará la hoy manchada Casa de Nariño.


Eso sí, independiente de todo lo anterior, aquí seguirá la oposición, el apoyo a las denuncias de valerosos senadores, autónomas cortes y de responsables funcionarios públicos. La fiscalización no amainará y el unanimismo con que sueña Santos, con muchos no lo va a lograr.


martes, 8 de junio de 2010

COLOMBIA ES SAGRADA


El 26 de febrero de este año, día glorioso para la historia patria, cuando la Corte Constitucional tumbó el referendo reeleccionista, un haz de esperanza surgió entre muchos de nosotros, al saber que el señor Uribe no nos podría gobernar más.

Motivado por ello, empezó una campaña emocionante, en la cual era un imperativo plantear unas profundas reformas en pos de la Justicia Social. Eso poco les importó a los electores y nos dejaron a los defensores de ese propósito sin candidato y a la merced de una dicotomía entre un candidato politiquero tradicional y uno apolítico independiente. Eso sí, ambos sin ese imperativo. A la postre, mi candidato llamó a no apoyar ninguna de las dos propuestas ganadoras.

Sin embargo, voy a desobedecer el designio que ha manifestado el partido político con el que más coincidencias ideológicas encuentro en el país, para votar por Mockus. Tengo que decir que orgullosamente voté por Petro, y que fue la mejor decisión que pudo haber depositado alguien en las urnas el pasado 30 de mayo, pero también tengo que decir que, en vista de las circunstancias, mi moral no me permite quedarme quieto viendo como el señor Santos gana las elecciones y sigue más, mucho más, de la misma carajada que nos han dado por 200 años, sin posibilidad de transformación.

No voy a decir que voy a dar un voto verde, porque eso no es realmente Antanas, él no es sólo esa moda anodina de las redes sociales que ha osado llamarse ola verde. Tampoco digo que voto conforme a ese partido, pues el infortunado macartismo de Peñalosa, me hace alejarme de sus planteamientos.

Votaré por Antanas motivado por las viejas palabras de Jaime Garzón, llamando a la transformación de la cultura facilista colombiana que tanto ataca el profesor candidato. Ojalá el mensaje del otro mundo, no salga errado.

Traicionaré esa idea (que de algún modo apoyaba) de la izquierda radical que asegura que no es conveniente la llegada de un neoliberal más, para mantener el caótico modelo económico de Uribe. Confiaré en que la salida más urgente para la profunda crisis de nuestro país está en la variable cultural y que la mirada desde la educación a profundos temas como el respeto por la vida y el civismo, serán las bases para una Colombia realmente diferente, en la que la solución que nos plantee el gobernante no sea la de matarnos unos a otros.

“Nadie podrá llevar por encima de su corazón a nadie, ni hacerle mal en su persona aunque piense o diga diferente” dijo recordando a los indígenas, Jaime Garzón; inspirador de esta aún dudosa decisión de votar por Antanas Mockus. La esperanza, dicen algunos que es verde (Pfff), es que el profe logre dar y aprender en los colombianos esta lección de respeto por la vida del otro.

sábado, 24 de abril de 2010

¿MÁS DE LO MISMO?


Los ocho años del régimen de Álvaro Uribe están a punto de terminar, y después de elegir un dudoso Congreso (con Paramilitares Infiltrados y Narcos - PIN), los electores se aprestan a tomar quizá una de las decisiones más importantes para el país en el siglo XXI: marcar su rumbo en una era post-Uribe, independientemente de que se reelija el continuismo.

Hay varios caminos propuestos para tomar el rumbo. El primero, el ya mencionado continuismo, supuestamente representado por Sanín y Santos; un segundo rumbo - en el que están Pardo, Vargas Lleras y Mockus - que propone cambios al proyecto uribista, pero que de algún modo sigue su misma lógica. Y el tercero, un giro al que por factores externos e influencias malintencionadas, muchos electores le temen, pero que plantea profundas reformas para solucionar los problemas nacionales, expuestas por Gustavo Petro.

Ahora bien, según las encuestas (acertadas o no, manipuladas quizá) a las que no se les puede mirar con desdén, los rumbos que desea elegir Colombia son el primero y el segundo, exactamente en manos de Santos y Mockus, quienes juntos alcanzan casi el 70% de la intención de voto. Tal cual afirmó Carlos Gaviria en entrevista con Semana: “Sería cuestión de elegir algo que no es bueno para el país o algo que todavía es peor”.

Es sobreentendido que lo que es “todavía peor para el país” es la eventual presidencia de Juan Manuel Santos, de eso no hay la menor duda (Ver artículo: Que no sea él). En la otra orilla, la llegada de Mockus a la presidencia, impulsada por una creencia general convertida en mito, no tiene los matices de cambios y mejoras que el país necesita.

De eso nadie se ha dado cuenta. La venda de la “mano firme” en 2002, que nos hizo tener al señor Uribe dos períodos de presidente, parece que no la están remplazando con la venda de la ola verde. A ciegas, sin propuestas claras de cómo gobernaría, Mockus ha seducido a cientos de miles de electores.

El voto, que debería ser un acto de responsabilidad, se ha convertido en una moda anodina impulsada por aristócratas columnistas y redes sociales guiadas por la emotividad y no por la racionalidad que requiere una elección.

Mockus, con su incómoda fórmula vicepresidencial (no tan transparente y con manto de para-gobierno), ha alcanzado niveles insospechados de popularidad y ha generado en el ambiente nacional un aire de posible cambio, representando quizá una alternativa democrática para Colombia. Sin embargo, su talón de Aquiles está en el universo de sus propuestas, que aportan muy poco para la solución de los conflictos, no sólo armados, que vive el país.

La unión de los tres ex alcaldes fue emocionante, pero desde siempre sólo se quedó en imagen e impacto mediático. Su lucha por escalar posicionamiento en el espectro político ha sido admirable, pero la percepción de que su gobierno (exceptuando las prácticas corruptas y politiqueras) será más de lo mismo, no deja de inquietar. Más de lo mismo en justicia social, que es el imperativo para superar el grueso de los problemas de Colombia.

“Con Educación todo se puede” repite incansable el candidato verde, olvidándosele a muchos que su visión de educación no es democrática, sino aristocrática, en el que ese bien siga siendo para unos pocos, en este caso, los de mayores conocimientos, como trató de hacerlo cuando era rector de la Universidad Nacional.

Por fortuna parece ser que Mockus le ganaría el pulso a Santos en primera vuelta y que nos libraríamos que un fatídico gobierno de él. Siendo así ojalá esté equivocado con mucho de lo que he escrito y el candidato del Partido Verde sí sea el propulsor de los grandes cambios que necesita el país. Pero como están las cosas, no lo creo.

BROCHE: Qué emocionante sería hacer parte, estando de acuerdo, de esa gran movilización llamada Ola Verde, pero hay aún muchos vacíos en ese proyecto.

lunes, 15 de febrero de 2010

QUE NO SEA ÉL


Qué impresión la que se llevó Juan Manuel Santos, cuando nadie más que un reportero de la cortesana RCN le hizo caer en la cuenta de que el disfraz que pretendía usar para oponerse a Gustavo Petro en el carnaval de Barranquilla, era el símbolo de la muerte.

Lo oculto se hizo evidente. El ‘Santo de la Muerte’ salió a la luz para ser consecuente con los actos criminales cometidos por el aparato castrense que él comandaba desde el Ministerio de Defensa, que poco hizo ante los mal llamados (desde el embuste de El Tiempo) falsos positivos.

Y esa cabeza de los crímenes de estado osa lanzar su candidatura en medio del inminente (pero no seguro) fracaso del monstruoso referendo reeleccionista. Muy oportunista, él no duda en sentenciar que si no es Uribe, “seré yo”. A los electores, el ruego es: que no sea él, aunque tampoco Uribe.

Rogar que Juan Manuel Santos no sea el próximo presidente de Colombia no es un simple capricho. No es sólo una preocupación porque nos implanten un monopolio mediático, ni mucho menos es lástima por Álvaro Uribe, a quien seguramente este sujeto poco fiable traicionará enviándolo a responder a la Corte Penal Internacional. ¡Nada de eso!

El temor de que este hombre llegue al poder, tiene aún mayores cargas de profundidad. Una de ellas es el posible manejo que les dé a las Fuerzas Militares, a las que seguramente reforzará con el eterno pretexto de la amenaza (lógica, pero no prioritaria) de las Farc. Por supuesto, aún más preocupante sería el hecho de que envidiándole a su antecesor la permanencia en el cargo, busque mostrar resultados para reelegirse y termine convirtiendo los falsos positivos en una clandestina política de Estado.

Pero el miedo a que él sea presidente, no para allí. Su elocuente oposición al régimen chavista podría traer consecuencias aún más lamentables para las relaciones binacionales y lo peor del asunto es que podrían trascender del escenario comercial. Ahí, por inepto que sea, uno terminaría añorando la diplomacia de Jaime Bermúdez y el silencio amangualado del dictadorcillo Uribe.

Con Juan Manuel Santos no habría duda de que el peligro de guerra con el vecino país sería más latente y el chistecito de los 10 batallones a la frontera, habría que tomarse en serio. No bastaría con soltar la irresponsable frase de que los gringos nos apoyarían, sería cuestión de analizar el despropósito inútil que significaría una confrontación bélica con Venezuela por la enemistad de dos ineptos guerreristas gobernantes.

Elegir al ministro de defensa que pifió la Seguridad Democrática hasta convertirla en un proyecto guerrerista y maquiavélico en el que el fin justifica los medios a toda costa, incluso la muerte de civiles; denotaría un atraso aún más lamentable que la elección hace dos cuatrienios de la peste llamada Uribe.

La democracia a veces apesta, como en el caso del abominable Estado de Opinión. Sin embargo, Colombia tiene la cita y la oportunidad para escoger entre un criminal camuflado, que en los carnavales, como es natural, deja salir a flote su verdadera esencia, y se muestra como La Muerte en persona; o elegir entre las propuestas divergentes a este criminal régimen que nos gobierna. Insisto, que no sea él.

BROCHE 1: este es el vídeo donde Santos disimuladamente quería representar la muerte…de todos los colombianos. http://www.youtube.com/watch?v=NmloPvM3Dsk

BROCHE 2: “Ojala tuviera el poder para cerrar revistas” dijo este monstruoso candidato presidencial, cuando se le sugirió que él pudo haber ordenado el cierre de la revista ‘Cambio’. No es presidente aún y ya está censurando.

domingo, 7 de febrero de 2010

EL COMIENZO DEL FIN

“Y el rancho ardiendo…” reza uno de los tantos dichos populares que los hispanos nos hemos sabido inventar. Eso es lo que está pasando en este inicio de década con los gobiernos neopopulistas de Latinoamérica; de Venezuela y Colombia.

La corruptela y círculo burocrático en que se convirtió el otrora prometedor socialismo del siglo XXI de Chávez vive la crisis más asidua justo cuando se celebraban 11 años de revolución bolivariana. Crisis energética, economía aterradora, inseguridad y prensa en peligro, son los males que tienen al coronel en su laberinto por estos días.

La imagen de líder independiente contra gringo que generaba respeto y mucho interés, desapareció con tanta diplomacia de micrófono mientras el universo de su nación se iba cayendo en pedazos hasta llegar a lo que está ahora.

No hay que pensar como el monotemático Bayly para darse cuenta que es risible su discurso de que durará 11 años más en el poder, así lo haga para disimular ese castillo de naipes en el que se convirtió su régimen.

Pero me dejo de intromisiones transnacionales. El dictadorcillo camuflado de acá también parece estar en las últimas, o eso fue lo que los agitados hechos de la semana anterior nos hicieron pensar. El optimismo me dice que el oscurantismo del ‘Uribestiario’ está próximo a terminar, aunque el odioso realismo me diga que a esa mala yerba todavía le falta para morir.

Aunque la debacle del régimen esta semana, anima. La agonía final del ‘referendo de Barrabás’ genera esperanzas para pensar que en agosto terminará esta pesadilla que ya completa 8 años, desde cuando este amigo de los para-políticos llegó al poder.

La demostración atroz de que los Derechos Humanos son una burla y se estropean en Colombia más que en la mayoría de países de la región y el hecho de que la excusa para violarlos –la dichosa seguridad ‘democrática’– esté débil en las ciudades y en declive según el estudio de León Valencia, es una muestra más de que la inmensa mayoría, el llamado Estado de Opinión, que eligió a Uribe, cometió el equívoco anti democrático más dañino en los últimos años para Colombia.

Y al rancho no llegaron los bomberos, porque este gobierno sigue ardiendo. La precaria justicia social del ‘corazón pequeño’ de Uribe quedó demostrada de nuevo con el fracaso de su política de salud, pues eso fue lo que se comprobó con los decretos de emergencia social. Haber vuelto la salud un negocio y liberar casi por completo al Estado de esa obligación generó unos mandatos de Palacio que parecen los asesinos intelectuales de los enfermos.

Uribe está desacreditado y en busca del lacayo a quien mostrarle el guiño, ya que por buen oficio de la Corte Constitucional es posible que no sea candidato este año. Y mientras hace eso, las mentes pensantes e independientes lo seguirán cuestionando fuertemente al igual que lo hicieron en la Universidad Jorge Tadeo, donde con inteligentes argumentos sentenciaron lo ilegítimo de su gobierno y de quienes lo presiden. No importa que ciegamente la revista Semana haya dicho que salió airoso.

Como en el pasado. Hay que aprovechar estos momentos de efervescencia y calor y de crisis de las ‘uribestias’, para arrebatarle a esa mafia política el mandato sobre nosotros. 200 años después llegó el momento de una nueva liberación.

PRIMER BROCHE: En Venezuela hay censura. En Colombia autocensura, ¡qué desdicha! Con la muerte de Cambio no quedan dudas de que el sanedrín del Uribismo sigue ‘sugiriendo’ callar la boca de las voces divergentes. Que se prepare el Noticiero NP&.

SEGUNDO BROCHE: No quisiera que el Senado dañe a Felipe Zuleta.