domingo, 22 de agosto de 2010

EL CANAL DE PALACIO


En épocas del nacionalsocialismo, Hitler descubrió un arma efectiva que sin ser bélica, le permitía aumentar sus mayorías y apoyo al interior de Alemania. Fue la radio, el medio que controló y luego popularizó, a través de la cual logró la persuasión que puso a su hostil gobierno como uno de los más populares de la época.

Ahora el poder se obtiene de la televisión. El mundo visual y el desempeño de los gobernantes en la popular cajita mágica fue la piedra en el zapato para algunos presidentes y la mejor lotería para otros. Esta última fue la suerte de Uribe en sus ocho años de mandato.

Aclamado por la prensa y los columnistas de la época que encontraron en él la salida para el conflicto del país, los medios de comunicación se volvieron aliados irrestrictos del mandatario de turno. En su lucha contra la guerrilla, en su agenda legislativa, amparándolo de sus primeros escándalos, en las reelecciones y hasta en el caído referendo.

En Colombia los medios no han sido las grandes empresas que aparentan ser y su poder de opinión pública nunca ha estado a la altura o más que la de los gobiernos, por lo que siempre han dependido en su mayoría de estos y han asumido una visión positiva de sus gestiones.

Durante los dos cuatrienios de Uribe, esa posición fue más que evidente en la Casa Editorial El Tiempo (con ‘Pacho’ de vicepresidente incluido) y en el canal RCN, que validó el coloquial significado de su sigla como la radio de la casa de gobierno.

El poder de persuasión que crea en los televidentes un canal con la sintonía de RCN no podía desaprovecharlo un gobierno interesado en la imagen y propaganda como el de Uribe. Desde la primera semana de su mandato, aprovechó la televisión pública para el neopopulismo de sus consejos comunales y la televisión privada, con sus intereses de por medio, lo empezó a replicar.

Así nacieron los espacios que trivializaron la política, al punto de ponerla al nivel de la farsándula criolla. La Cosa Política fue la primera cosa de ésas que a manos de Vicky Dávila volvió un chiste todo el acontecer de ministros, embajadores, senadores y por supuesto del presidente, enalteciendo sobre todas las cosas la labor de éste. “Parece que ella tuviera un orgasmo cuando va a hablar de Uribe”, contaba con gracia el crítico Ómar Rincón en el documental Teleuribización.

Poco cubrimiento en los casos de falsos positivos, excesivo nacionalismo en el bombardeo a Raúl Reyes, exaltación de la noticia en el caso DMG y apoyo editorial al gobierno Uribe, fueron otras demostraciones que el canal del magnate Carlos Ardila Lullë realizó como lealtad al mandatario que le permitió vender Etanol a elevados precios e incluirlo como requisito en las gasolineras de todo el país. Todos esos favores se pagan, como lo demostró el portal la Silla Vacía con la descripción de ex trabajadores de RCN que ahora ocupan cargos en el gobierno.

La autocensura por intereses fue la constante en los pequeños-grandes medios de comunicación del país en busca del buen trato gubernamental, la independencia periodística fue digna aunque de unos pocos y el poder mediático, como el dinero, se siguió concentrando.

Por ahora el espacio libre está en Internet, hasta que, como con Hitler, el gobierno lo controle y lo convierta en la Red de Palacio.

lunes, 16 de agosto de 2010

GIRO EN U


El 26 de febrero de este año, cuando la Corte Constitucional determinó que Álvaro Uribe no podría ser elegido nuevamente presidente de Colombia, un grupo de entusiastas ciudadanos con carteles, camisetas y arengando a favor de la Corte, se ‘tomaron’ el frente del Palacio de Justicia con la consigna de felicitar a los magistrados por “mantener viva la democracia del país”. El grupo era integrado en su mayoría por jóvenes.

Eso no tendría nada raro. Históricamente activos jóvenes se han movilizado en defensa de los derechos propios y de sus semejantes, como en las viejas luchas de mayo de 1968 en Francia y del 8 y 9 de junio de 1929 en Colombia. Y aunque les haya generado el rótulo de revolucionarios, en muchas ocasiones han logrado su cometido.

“Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”, decía el ex presidente socialista de Chile, Salvador Allende. Quizá asuste a muchos lectores el referente izquierdista, en un país volcado a un giro radical hacia los principios conservadores y a la imposición del orden sobre la libertad.

Así que acá sí se volvió poco común ese tipo de manifestaciones juveniles. Salvo las asambleas de los estudiantes que a veces terminaban en no convenientes paros emotivos, en sus dos cuatrienios Uribe no tuvo la oposición de un sólido movimiento de jóvenes que lograra crear conciencia colectiva frente a los consecutivos escándalos que azotaron a su gobierno: para política, falsos positivos, ‘chuzadas’ del DAS y otros cuantos más, se quedaron en el plano crítico pero pasivo.

Sí prosperaron movilizaciones en contra de las Farc – que a la postre sirvió para recoger firmas para la reelección – o en agradecimiento a la labor de Uribe, impulsadas increíblemente por jóvenes, tradicionalmente rivales del establecimiento gubernamental.

La era Uribe trastocó la ideología de todo un país y amedrentó cualquier representación de izquierda que existiera. El apoyo mediático y la favorable imagen del Presidente, convencieron a millones de jóvenes en Colombia que en plena formación de su pensamiento político, adoptaron los pensamientos derechistas del mandatario.

Ahora esa gran cantidad de jóvenes comulgan con ideales que el revolucionario de antes atacaba. Según la firma encuestadora estadounidense Zogby, en Colombia el 63% de los jóvenes apoya el libre comercio y cree firmemente que beneficia a todos, mientras que otro tanto parecido pide más autoridad del Estado, sacrificando ese concepto de libertad que otros defendían.

La perpetuidad de Uribe en el poder acentuó el giro a la derecha y consolidó el famoso 84% de población uribista, que además hastiada con la vía armada de las Farc se alejó del pensamiento izquierdista por relacionarlo con las bases ideológicas de la guerrilla.

El mesianismo que se generó trajo consigo desventajas como la aceptación de las prácticas de este gobierno en el que el fin justifica los medios y dejó en la memoria colectiva de esos jóvenes uribistas, la aceptación de esa premisa.

Sin embargo, el desgaste del uribismo generó la reacción más emotiva que política de un significativo grupo de jóvenes en la llamada Ola Verde. La movilización fue grande, pero los resultados frustrantes para una comunidad esperanzada en el cambio del país, aunque careciera de propuestas de fondo para hacerlo.

Lo que logró la Ola Verde está en entredicho y requiere de esa persistencia de los jóvenes activos y revolucionarios para que logremos el cambio positivo. La frustración que nos causó la política debe quedar atrás y la participación en ésta debe crecer desde la posición ideológica que sea.

martes, 6 de julio de 2010

UNIDAD NACIONAL Y TERCERA VÍA



A un mes de la posesión de Juan Manuel Santos como nuevo presidente de Colombia, tras su contundente pero no completamente limpia victoria (las inconsistencias en los formatos E-14 no se pueden olvidar) ya hay hechos del nuevo gobierno que marcan la pauta de lo que ocurrirá en los próximos 4 o quizá 8 años.


El llamado a la Unidad Nacional deja de ser un simple nombre con el que está disimulado el Partido de la U de Uribe y ahora de Santos, para convertirse en un dilema ético y pragmático en la aplicación del nuevo gobierno desde el 7 de agosto. Bien puede significar la esperada repartición burocrática y el clientelismo que tanto anunciamos que ocurrirá con Santos; eso, aunque los ministerios hasta ahora se han asignado por mérito, se terminará develando en el comprometido politiquero gobierno de coalición que quiso establecer el nuevo presidente.


Los optimistas (y también santistas, obviamente) no piensan igual. Incluso, analistas políticos con todas las credenciales y hasta alejados de las prácticas de gobierno que impuso el uribismo por 8 años, coinciden en la esperanza que significa la Unidad Nacional. Por encima del postulado clientelista, opinan que esta política de gobierno acabará con la polarización, reducirá las tensiones entre los poderes públicos, le abrirá un respetuoso espacio a la oposición y establecerá un camino de diálogo sin el estilo obtuso de Álvaro Uribe.


Los actos de pre-gobierno de Juan Manuel tienen enamorado al país e incluso a algunos aristócratas que desde las editoriales de los periódicos juzgaron su candidatura presidencial en franco favorecimiento a la de Mockus. Pero lo de Santos sigue siendo apenas teoría y por ahora no se queda más que en intenciones. El camino que tome la Unidad Nacional no es claro, pues las prácticas del naciente ‘santismo’ dan para pensar tanto en la dañina burocracia partidista como en los utópicos deseos de asociación política, necesarios para el detrimento de la profunda división en Colombia. Sin embargo, la idea de por sí ya es valerosa, pues empieza a marcar diferencias con la gestión realizada por Uribe.


En ese sentido, la distancia de la era Santos con la moribunda era Uribe, parece ya establecerse con simples declaraciones del nuevo presidente. Un caso muy diciente es el de la Tercera Vía, el modelo económico-político con el que Juan Manuel describió en varios medios de comunicación que sería su gobierno.


Dicho planteamiento teórico, trasnochado para algunos, heroico para otros, aplicable en muchos países e inservible en unos cuantos más, no deja de parecer una medida populista más del próximo presidente para acercar a sus más acérrimos contendores. La Tercera Vía, que está en la mitad del capitalismo salvaje y del socialismo corrupto, quiere sellar la lógica de la Unidad contra la polarización.


Adicional a la burocracia, eso convenció a los liberales de seguir el camino santista. También eso significó exhibir las llaves de la pesada puerta que separaba a gobierno y oposición, para sentarlos a plantear temas de suma urgencia en beneficio del ambiente, el agro y la justicia social, que fueron los dialogados por Santos con el nuevamente rechazado en el Polo, Gustavo Petro. Esas intenciones de abrir caminos ideológicos y derrocar de la agenda nacional la monotemática disyuntiva de las Farc, son las que deben tener enfurecido al prontamente ex presidente Uribe y desde la barrera expectantes a muchos escépticos y críticos ‘antisantistas’.


No terminan las reservas, los temores y las críticas a lo que pueda ser un gobierno presidido por Juan Manuel Santos. Tampoco se van los imposibles éticos de permitir que nuestro jefe de estado sea el responsable político de los llamados 'falsos positivos’ y de varios actos de corrupción. Pero algo hay de Uribe a Santos, una pequeña diferencia en el actuar, que augura algo diferente en quien ocupará la hoy manchada Casa de Nariño.


Eso sí, independiente de todo lo anterior, aquí seguirá la oposición, el apoyo a las denuncias de valerosos senadores, autónomas cortes y de responsables funcionarios públicos. La fiscalización no amainará y el unanimismo con que sueña Santos, con muchos no lo va a lograr.


martes, 8 de junio de 2010

COLOMBIA ES SAGRADA


El 26 de febrero de este año, día glorioso para la historia patria, cuando la Corte Constitucional tumbó el referendo reeleccionista, un haz de esperanza surgió entre muchos de nosotros, al saber que el señor Uribe no nos podría gobernar más.

Motivado por ello, empezó una campaña emocionante, en la cual era un imperativo plantear unas profundas reformas en pos de la Justicia Social. Eso poco les importó a los electores y nos dejaron a los defensores de ese propósito sin candidato y a la merced de una dicotomía entre un candidato politiquero tradicional y uno apolítico independiente. Eso sí, ambos sin ese imperativo. A la postre, mi candidato llamó a no apoyar ninguna de las dos propuestas ganadoras.

Sin embargo, voy a desobedecer el designio que ha manifestado el partido político con el que más coincidencias ideológicas encuentro en el país, para votar por Mockus. Tengo que decir que orgullosamente voté por Petro, y que fue la mejor decisión que pudo haber depositado alguien en las urnas el pasado 30 de mayo, pero también tengo que decir que, en vista de las circunstancias, mi moral no me permite quedarme quieto viendo como el señor Santos gana las elecciones y sigue más, mucho más, de la misma carajada que nos han dado por 200 años, sin posibilidad de transformación.

No voy a decir que voy a dar un voto verde, porque eso no es realmente Antanas, él no es sólo esa moda anodina de las redes sociales que ha osado llamarse ola verde. Tampoco digo que voto conforme a ese partido, pues el infortunado macartismo de Peñalosa, me hace alejarme de sus planteamientos.

Votaré por Antanas motivado por las viejas palabras de Jaime Garzón, llamando a la transformación de la cultura facilista colombiana que tanto ataca el profesor candidato. Ojalá el mensaje del otro mundo, no salga errado.

Traicionaré esa idea (que de algún modo apoyaba) de la izquierda radical que asegura que no es conveniente la llegada de un neoliberal más, para mantener el caótico modelo económico de Uribe. Confiaré en que la salida más urgente para la profunda crisis de nuestro país está en la variable cultural y que la mirada desde la educación a profundos temas como el respeto por la vida y el civismo, serán las bases para una Colombia realmente diferente, en la que la solución que nos plantee el gobernante no sea la de matarnos unos a otros.

“Nadie podrá llevar por encima de su corazón a nadie, ni hacerle mal en su persona aunque piense o diga diferente” dijo recordando a los indígenas, Jaime Garzón; inspirador de esta aún dudosa decisión de votar por Antanas Mockus. La esperanza, dicen algunos que es verde (Pfff), es que el profe logre dar y aprender en los colombianos esta lección de respeto por la vida del otro.

sábado, 24 de abril de 2010

¿MÁS DE LO MISMO?


Los ocho años del régimen de Álvaro Uribe están a punto de terminar, y después de elegir un dudoso Congreso (con Paramilitares Infiltrados y Narcos - PIN), los electores se aprestan a tomar quizá una de las decisiones más importantes para el país en el siglo XXI: marcar su rumbo en una era post-Uribe, independientemente de que se reelija el continuismo.

Hay varios caminos propuestos para tomar el rumbo. El primero, el ya mencionado continuismo, supuestamente representado por Sanín y Santos; un segundo rumbo - en el que están Pardo, Vargas Lleras y Mockus - que propone cambios al proyecto uribista, pero que de algún modo sigue su misma lógica. Y el tercero, un giro al que por factores externos e influencias malintencionadas, muchos electores le temen, pero que plantea profundas reformas para solucionar los problemas nacionales, expuestas por Gustavo Petro.

Ahora bien, según las encuestas (acertadas o no, manipuladas quizá) a las que no se les puede mirar con desdén, los rumbos que desea elegir Colombia son el primero y el segundo, exactamente en manos de Santos y Mockus, quienes juntos alcanzan casi el 70% de la intención de voto. Tal cual afirmó Carlos Gaviria en entrevista con Semana: “Sería cuestión de elegir algo que no es bueno para el país o algo que todavía es peor”.

Es sobreentendido que lo que es “todavía peor para el país” es la eventual presidencia de Juan Manuel Santos, de eso no hay la menor duda (Ver artículo: Que no sea él). En la otra orilla, la llegada de Mockus a la presidencia, impulsada por una creencia general convertida en mito, no tiene los matices de cambios y mejoras que el país necesita.

De eso nadie se ha dado cuenta. La venda de la “mano firme” en 2002, que nos hizo tener al señor Uribe dos períodos de presidente, parece que no la están remplazando con la venda de la ola verde. A ciegas, sin propuestas claras de cómo gobernaría, Mockus ha seducido a cientos de miles de electores.

El voto, que debería ser un acto de responsabilidad, se ha convertido en una moda anodina impulsada por aristócratas columnistas y redes sociales guiadas por la emotividad y no por la racionalidad que requiere una elección.

Mockus, con su incómoda fórmula vicepresidencial (no tan transparente y con manto de para-gobierno), ha alcanzado niveles insospechados de popularidad y ha generado en el ambiente nacional un aire de posible cambio, representando quizá una alternativa democrática para Colombia. Sin embargo, su talón de Aquiles está en el universo de sus propuestas, que aportan muy poco para la solución de los conflictos, no sólo armados, que vive el país.

La unión de los tres ex alcaldes fue emocionante, pero desde siempre sólo se quedó en imagen e impacto mediático. Su lucha por escalar posicionamiento en el espectro político ha sido admirable, pero la percepción de que su gobierno (exceptuando las prácticas corruptas y politiqueras) será más de lo mismo, no deja de inquietar. Más de lo mismo en justicia social, que es el imperativo para superar el grueso de los problemas de Colombia.

“Con Educación todo se puede” repite incansable el candidato verde, olvidándosele a muchos que su visión de educación no es democrática, sino aristocrática, en el que ese bien siga siendo para unos pocos, en este caso, los de mayores conocimientos, como trató de hacerlo cuando era rector de la Universidad Nacional.

Por fortuna parece ser que Mockus le ganaría el pulso a Santos en primera vuelta y que nos libraríamos que un fatídico gobierno de él. Siendo así ojalá esté equivocado con mucho de lo que he escrito y el candidato del Partido Verde sí sea el propulsor de los grandes cambios que necesita el país. Pero como están las cosas, no lo creo.

BROCHE: Qué emocionante sería hacer parte, estando de acuerdo, de esa gran movilización llamada Ola Verde, pero hay aún muchos vacíos en ese proyecto.

lunes, 15 de febrero de 2010

QUE NO SEA ÉL


Qué impresión la que se llevó Juan Manuel Santos, cuando nadie más que un reportero de la cortesana RCN le hizo caer en la cuenta de que el disfraz que pretendía usar para oponerse a Gustavo Petro en el carnaval de Barranquilla, era el símbolo de la muerte.

Lo oculto se hizo evidente. El ‘Santo de la Muerte’ salió a la luz para ser consecuente con los actos criminales cometidos por el aparato castrense que él comandaba desde el Ministerio de Defensa, que poco hizo ante los mal llamados (desde el embuste de El Tiempo) falsos positivos.

Y esa cabeza de los crímenes de estado osa lanzar su candidatura en medio del inminente (pero no seguro) fracaso del monstruoso referendo reeleccionista. Muy oportunista, él no duda en sentenciar que si no es Uribe, “seré yo”. A los electores, el ruego es: que no sea él, aunque tampoco Uribe.

Rogar que Juan Manuel Santos no sea el próximo presidente de Colombia no es un simple capricho. No es sólo una preocupación porque nos implanten un monopolio mediático, ni mucho menos es lástima por Álvaro Uribe, a quien seguramente este sujeto poco fiable traicionará enviándolo a responder a la Corte Penal Internacional. ¡Nada de eso!

El temor de que este hombre llegue al poder, tiene aún mayores cargas de profundidad. Una de ellas es el posible manejo que les dé a las Fuerzas Militares, a las que seguramente reforzará con el eterno pretexto de la amenaza (lógica, pero no prioritaria) de las Farc. Por supuesto, aún más preocupante sería el hecho de que envidiándole a su antecesor la permanencia en el cargo, busque mostrar resultados para reelegirse y termine convirtiendo los falsos positivos en una clandestina política de Estado.

Pero el miedo a que él sea presidente, no para allí. Su elocuente oposición al régimen chavista podría traer consecuencias aún más lamentables para las relaciones binacionales y lo peor del asunto es que podrían trascender del escenario comercial. Ahí, por inepto que sea, uno terminaría añorando la diplomacia de Jaime Bermúdez y el silencio amangualado del dictadorcillo Uribe.

Con Juan Manuel Santos no habría duda de que el peligro de guerra con el vecino país sería más latente y el chistecito de los 10 batallones a la frontera, habría que tomarse en serio. No bastaría con soltar la irresponsable frase de que los gringos nos apoyarían, sería cuestión de analizar el despropósito inútil que significaría una confrontación bélica con Venezuela por la enemistad de dos ineptos guerreristas gobernantes.

Elegir al ministro de defensa que pifió la Seguridad Democrática hasta convertirla en un proyecto guerrerista y maquiavélico en el que el fin justifica los medios a toda costa, incluso la muerte de civiles; denotaría un atraso aún más lamentable que la elección hace dos cuatrienios de la peste llamada Uribe.

La democracia a veces apesta, como en el caso del abominable Estado de Opinión. Sin embargo, Colombia tiene la cita y la oportunidad para escoger entre un criminal camuflado, que en los carnavales, como es natural, deja salir a flote su verdadera esencia, y se muestra como La Muerte en persona; o elegir entre las propuestas divergentes a este criminal régimen que nos gobierna. Insisto, que no sea él.

BROCHE 1: este es el vídeo donde Santos disimuladamente quería representar la muerte…de todos los colombianos. http://www.youtube.com/watch?v=NmloPvM3Dsk

BROCHE 2: “Ojala tuviera el poder para cerrar revistas” dijo este monstruoso candidato presidencial, cuando se le sugirió que él pudo haber ordenado el cierre de la revista ‘Cambio’. No es presidente aún y ya está censurando.

domingo, 7 de febrero de 2010

EL COMIENZO DEL FIN

“Y el rancho ardiendo…” reza uno de los tantos dichos populares que los hispanos nos hemos sabido inventar. Eso es lo que está pasando en este inicio de década con los gobiernos neopopulistas de Latinoamérica; de Venezuela y Colombia.

La corruptela y círculo burocrático en que se convirtió el otrora prometedor socialismo del siglo XXI de Chávez vive la crisis más asidua justo cuando se celebraban 11 años de revolución bolivariana. Crisis energética, economía aterradora, inseguridad y prensa en peligro, son los males que tienen al coronel en su laberinto por estos días.

La imagen de líder independiente contra gringo que generaba respeto y mucho interés, desapareció con tanta diplomacia de micrófono mientras el universo de su nación se iba cayendo en pedazos hasta llegar a lo que está ahora.

No hay que pensar como el monotemático Bayly para darse cuenta que es risible su discurso de que durará 11 años más en el poder, así lo haga para disimular ese castillo de naipes en el que se convirtió su régimen.

Pero me dejo de intromisiones transnacionales. El dictadorcillo camuflado de acá también parece estar en las últimas, o eso fue lo que los agitados hechos de la semana anterior nos hicieron pensar. El optimismo me dice que el oscurantismo del ‘Uribestiario’ está próximo a terminar, aunque el odioso realismo me diga que a esa mala yerba todavía le falta para morir.

Aunque la debacle del régimen esta semana, anima. La agonía final del ‘referendo de Barrabás’ genera esperanzas para pensar que en agosto terminará esta pesadilla que ya completa 8 años, desde cuando este amigo de los para-políticos llegó al poder.

La demostración atroz de que los Derechos Humanos son una burla y se estropean en Colombia más que en la mayoría de países de la región y el hecho de que la excusa para violarlos –la dichosa seguridad ‘democrática’– esté débil en las ciudades y en declive según el estudio de León Valencia, es una muestra más de que la inmensa mayoría, el llamado Estado de Opinión, que eligió a Uribe, cometió el equívoco anti democrático más dañino en los últimos años para Colombia.

Y al rancho no llegaron los bomberos, porque este gobierno sigue ardiendo. La precaria justicia social del ‘corazón pequeño’ de Uribe quedó demostrada de nuevo con el fracaso de su política de salud, pues eso fue lo que se comprobó con los decretos de emergencia social. Haber vuelto la salud un negocio y liberar casi por completo al Estado de esa obligación generó unos mandatos de Palacio que parecen los asesinos intelectuales de los enfermos.

Uribe está desacreditado y en busca del lacayo a quien mostrarle el guiño, ya que por buen oficio de la Corte Constitucional es posible que no sea candidato este año. Y mientras hace eso, las mentes pensantes e independientes lo seguirán cuestionando fuertemente al igual que lo hicieron en la Universidad Jorge Tadeo, donde con inteligentes argumentos sentenciaron lo ilegítimo de su gobierno y de quienes lo presiden. No importa que ciegamente la revista Semana haya dicho que salió airoso.

Como en el pasado. Hay que aprovechar estos momentos de efervescencia y calor y de crisis de las ‘uribestias’, para arrebatarle a esa mafia política el mandato sobre nosotros. 200 años después llegó el momento de una nueva liberación.

PRIMER BROCHE: En Venezuela hay censura. En Colombia autocensura, ¡qué desdicha! Con la muerte de Cambio no quedan dudas de que el sanedrín del Uribismo sigue ‘sugiriendo’ callar la boca de las voces divergentes. Que se prepare el Noticiero NP&.

SEGUNDO BROCHE: No quisiera que el Senado dañe a Felipe Zuleta.

viernes, 6 de noviembre de 2009

OPINIÓN//UNA LIBERTAD MENOS

El monstruoso artículito que le permitió la reelección al obtuso Uribe nos ha privado a los de mi generación de conocer otra alternativa de gobierno y por tal ha generado una peligrosa polarización entre gobiernistas y opositores que nos puede llevar a un colapso más allá de la sola intolerancia.

 Antes del régimen uribista, si bien las Farc estaban cerca de someter al país, había más libertades; y eso parece que a los colombianos les importa menos que lo que en la telenovela de la noche esté pasando.

 Jubilar la libertad de expresión parece la consigna de los uribistas en el país, desde las altas esferas de la Casa de Nariño, pasando por los gobernantes de provincia, hasta los los ‘uri-medios’.

 Empecemos con las joyitas. En un acto que quizá ya nadie recuerde (por aquello de la distracción creada en los medios) este gobierno le repartió a las facultades de periodismo del país un manual de redacción elaborado por funcionarios de la presidencia; en él quedaban plasmadas las “formas objetivas como los periodistas debían manejar la información”, como afirmó una de las redactores de esta perla.

 Pero en esta “buena intención” había un trasfondo, y era controlar los contenidos que los periodistas publican en los medios, para que fueran concordantes con el pensamiento del mesías presidente. Una forma muy disimulada y hasta culta de censura.

 No obstante, los atropellos continuaron, pero esta vez en la provincia. La doctrina uribista parece haber transcendido los corrillos bogotanos por cuenta de Jose Obdulio y ha llegado a personajes que por conveniencia, convicción, o por las dos, terminaron comulgando con este tipo de opresiones.

 Uno de esos borregos es Juan Manuel Llano, el ya odiado en Facebook alcalde de Manizales, quien vetó a Calle 13 para que asistiera a la Feria de la Ciudad por atreverse a decir una verdad incómoda. Y como la valentía no es de los uribistas, la única forma que encontró para decirlo fue un simplón comunicado en La Patria.

 Las formas de comunicación parecen calcadas en todos los fanáticos del régimen. Pues tan impersonal como el comunicado de la Alcaldía de Manizales (la ciudad a la que le cierran las puertas) fue la odiosa nota que escribió El Tiempo a su columnista Claudia López para despedirla en público, sin previo aviso.

 Pero qué más se podía esperar de este ‘uri-medio’ sesgado por una extraña y nociva combinación de intereses económicos y políticos. La voz y pluma agudas de Claudia López para cuestionar la falta de equilibrio en el diario de los Santos, no cayó bien entre los socios: aspirante a canal y candidato uribista. La ambición de dinero y poder corrompió al otrora periódico serio y objetivo (aunque siempre gobiernista) y lo llevó a cometer la mayor ridiculez de su historia.

Censurar a la columnista más influyente en las esferas políticas (según encuesta de la Silla Vacía.com) y una de las pocas voces divergentes que aún quedaban en el diario, es enrolar al periódico hacia una parcialización política que lo único que generará es una creciente pérdida de credibilidad. Señores de El Tiempo, no sean cobardes, y a la par con este gobierno de las no-libertades, muéstrennos sin tapujos su ideología manifiesta y de paso su desprecio por la libertad de expresión.   


jueves, 15 de octubre de 2009

REPORTAJE//MANIZALES Y SUS DIOSES

 Fue hace unos años, pensando en la Universidad y en la carrera que escogería, que se cruzó por mi mente el nombre de Manizales. Sólo cuatro visitas en mi vida eran el respaldo para conocer la llamada ciudad universitaria.

 Los mitos regionalistas no se demoraron en transmitirme cuando dije que viviría a tres horas de mi casa, en la ciudad de las tres F: una provincia fría, fea y falduda. Estudiaría, pues, en un pueblo grande al que tachan de toma trago, elitista, conservador, fanático del fútbol y los toros, cafetero y excesivamente religioso. Como no soy amigo de los prejuicios, sólo me dediqué a descubrir.

 La Manizales que conocí sí es fría, con una temperatura baja, un aire helado y unas lluvias que de vez en mes cuando caen, y no hay paraguas, emputan. Y es quizá ese clima, que produce colores parcos en el ambiente y deprime en los días más inútiles, lo que hace ver impasible y fea la ciudad. Pero el ánimo de la mayoría que uno se topa en la calle y uno que otro trago de Aguardiente Cristal quitan esa percepción de inmediato, lo llevan a uno al goce.    

 De ahí para adelante nada es ignoto. Es típicamente manizaleño decir que se vive en una sociedad elitista (a los pobres los quieren esconder o ellos se camuflan). Los toros y el fútbol son, en el papel, el opio del pueblo (el primero más elitista que el segundo). Lo coyunturalmente conservatizado de Colombia, en Manizales desde siempre ha existido (su periódico es azul por el partido godo) y en sus alrededores el olor del aire está provisto de café.

 Todo eso no me impresionó comprobarlo. Lo que sí, fueron dos cosas: sus faldas (esas calles empinadas, interminables y agotadoras) y la religiosidad viva de su gente. Los llamados, las gracias y los pedidos a unos dioses (los que sean), se emanan en cualquier lugar desde los 2.150 metros de altura a los que está la ciudad de los patifríos

Las cúpulas arañan el cielo:

Hay algo que caracteriza a Manizales desde la panorámica vista que hay junto a la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario en Chipre, y es la cantidad de templos que se propagan por toda la ciudad. Desde la altura vigilante se alcanzan a ver la Catedral Basílica, el Templo de la Inmaculada Concepción, la Iglesia del Sagrado Corazón (los Agustinos) y con vista de águila y ayuda de binóculos otras cuantas se agregan a la lista, como la emblemática de Fátima.

 Todos los anteriores son templos católicos, el paradigma religioso de la ciudad. Sin embargo, sus competidoras existen; las iglesias cristianas, protestantes o pentecostales, ganan cada día más adeptos e instalan nuevos centros religiosos.

 En cifras del grupo de investigación Prospección Etnográfica del Cambio Religioso de la Universidad de Caldas, en Manizales más del 5% de sus habitantes son protestantes, la mitad de la estadística nacional, pues según El Tiempo el 11% de colombianos son protestantes, muy lejano del 81% de católicos predominantes en el país. 

 Luz Marina Ávila, una robusta ama de casa que vive en Campohermoso, es una activa religiosa de ese porcentaje católico. Con camándula en mano repite cuantos padrenuestros y aves marías necesite para rezar los cinco misterios de su rosario, la previa para llegar a misa en la Iglesia de los Agustinos.

 Esta católica de 52 años tiene en su mente el discurso religioso. Cree fervientemente en lo que la Biblia, le instituye como ley y modelo de vida. La mujer se atreve a polemizar y termina afirmando que cree más en la obra cristiana que, por ejemplo, en la Constitución Política de su país. “No es más que una arandela de mentiras (la Carta Magna), la verdadera solución está en encomendarnos y rezar”.

 Las sospechas de fanatismo que tenía sobre ella se confirman más. La señora Ávila, quien dice cumplir con los diez mandamientos  y evita caer en algún pecado capital, cree aún que la Iglesia es la única salida a “la maldad humana que está creciendo”, para ella son los curas, desde sus púlpitos, quienes pueden iluminar al mundo.

 Dejo a la cuasi fanática católica y ceso mis dudas sobre su religión. Pero sus menciones sobre los sacerdotes como adalides del mundo me quedan retumbando y termino sucumbiendo. Camino unas cuadras por el agitado comercio informal de la bohemia ciudad y quedo frente a la réplica de la Iglesia Ermita de Cali, los Agustinos.

 El estilo neo-gótico de su exterior y sus lujos al interior me recuerdan un grupo en Facebook que pide cambiar tesoros del Vaticano por comida para África. Autocensuro mi crítica y mejor recorro el templo, quiero hablar con el párroco, pero a las estatuas romanas de la iglesia sólo las acompañan tres feligreses.

 Sigo en busca del adalid de Luz Marina y seguro de encontrarlo voy al despacho parroquial. Una mujer, algo tosca y sin mucho interés por atenderme, sólo me dice que el sacerdote no está; mientras echa, con el mismo malgenio, a un habitante de la calle que llegaba a pedir pan, como llaman los católicos a la comida.

 En ese momento para mí la mujer fue toda la iglesia. Y si ni siquiera pudo suplir esa necesidad alimentaria, ¿cómo pretende ser la guía de un nuevo mundo? Ahí fue cuando pensé que muy seguramente lo poco que hace el clero en la pre-moderna Manizales es censurar actividades liberales, como Expoerótica, porque al arzobispo Fabio Betancur le parecía pecado.  

Mi dio’ le pague por el alcohol:

“Pa’ este frío lo mejor es un aguardientico”. Ésta la frase que crearon los ancestros cafeteros y transmitieron a sus herederos, los cada vez más toma-trago. El hecho de que aquí haya una industria licorera departamental, y que se produzca uno de los mejores rones del mundo, no nos es indiferente a los jóvenes. En fiel obediencia a la famosa canción de la banda pereirana La Iguana, la cita es para beber, beber, toda la noche sin parar.  

 Y como en los últimas fines de semana, con aguardiente en mano, empiezo a levantar el codo y tomar guaro, esperando qué depara la rumbera noche de viernes. El Cristal se ha convertido en mi dios del licor, fiel compañero y guía en momentos de fiesta. Aunque tampoco para instituir una religión, como muchos osados dicen apoyar en pro de bendecir el preciado líquido. 

 El Antioqueño, mi otrora aguardiente preferido, ha pasado a segundo plano. Ese buda fue remplazado por un Cristo llamado licores de Caldas, que en Manizales se consumen desbocadamente. Y las cifras lo confirman, pues la Industria Licorera de Caldas (ILC), a pesar de ser de región pequeña, vendió en 2008 más de 124mil millones de pesos y se ubicó como la tercera en su sector, después de la Fábrica de Licores de Antioquia (con 212mil millones) y la multinacional Diageo (con 164mil millones).

 Todo deja en evidencia el alto grado de alcohol que se consume en la provincia de los nevados. La santísima trinidad de la ILC es aclamada por los feligreses del alcohol. El todopoderoso en la ciudad es el Aguardiente Cristal, aquel que patrocina al equipo del alma y el que se toma en cada esquina. Su hijo, el Ron Viejo, es el que se va de la tierra para encontrar prestigio y el sustento del 70% de las ventas de la Licorera, el viejo creó una religión ieleciana. Y por su puesto, el espíritu santo es la joven y abstracta figura del no-guayabo del Cristal sin Azúcar.

 La noche sigue y una y otra copa hacen efecto. Entre 8 personas nos tomamos dos cajas del todopoderoso. Ya es hora de fiesta. Estoy en El Cable, que sumada a El Tablazo, Chipre y Milán, conforman las zonas rosa instituidas en Manizales. Desde allí los otros siete definen que ese día habrá Perreo a poca luz, el nombre de la fiesta esa noche en Mi Dio’ le pague, y allá terminamos.

 El sonoro nombre de Mi Dio’ le pague, uno de los nuevos sitios de rumba de la ciudad, tiene mucho que ver con la tradición y la historia de la ciudad. Tomamos un taxi y pagando 5mil pesos estamos allá, frente a una discoteca disfrazada de casa vieja tradicional. Ésas donde los arrieros, potentados machistas, llegaban cada noche a pedirle comida a su esposa.

 Así, inspirados en el todopoderoso (no el aguardiente) decían simplemente y con abreviación: mi dio’ le pague; encomendados, como siempre, a quien cada domingo en una iglesia le rezaban. Pero esa noche el sentido ha cambiado, lo último que se va a hacer es rezar.

 Para muchos es lujuria, para otros actos desmedidos y para unos cuantos, pura diversión. Pero lo que dio’ nos paga esa noche es la buena fiesta que disfrutamos en la discoteca, alejada de la civilización, donde, si se quiere, el pecado está presente. 

El Once, pasión y religión:

En la futbolera Manizales, hay muchos que piensan que el mejor plan de cada domingo (algunas veces para pasar guayabo) es ir al ya histórico Estadio Palogrande para ver jugar al Once o en su defecto, verlo en la pantalla chica.

 Los que asisten cada semana al coloso de la 62, como lo apodaron desde los micrófonos radiales los muchos periodistas deportivos que ha dado Caldas, van seguros de disfrutar un buen espectáculo en uno de los mejores estadios del país. El Palogrande, fundado en 1994 alberga a más de 45mil espectadores y le gusta vestirse siempre de blanco, aunque no llena graderías.

 Su hinchada fiel, la de Holocausto Norte, no para de criticar a los que llama once caldistas de resultados, esos que sólo pagan la boleta cuando se está en semifinales. Y es que los datos son pecaminosos para el más reciente campeón de la Mustang. En cada partido el público fijo es de 5mil a 6mil hinchas, sin contar que en el encuentro con Huila, sólo 852 almas cantaron, alabaron y pidieron favores (goles) en el templo Palogrande.

 Mientras un parroquiano del común besa su escapulario de la cruz cristiana y le pide a su Dios para desearle una victoria a su equipo, Gabriel Castro, un apasionado barrista, sólo agita su bandera blanca con una cruz negra, nada religiosa por cierto.

 “Es el símbolo del equipo, nuestros colores, nada que ver con cristos ni dioses” sentencia extrovertido este ateo hincha quien lleva 8 años en Holocausto. Saltando al ritmo de los bombos y redoblantes que resuenan entre la avenida Santander y la Paralela en cada juego, él va camino al santuario futbolero embriagándose para entrar en ambiente y animar a su equipo.

 La fila es larga, la paciencia grandiosa, pero nada importa cuando se trata de ver a lo que considera más que una religión, una cultura, su Once Caldas. Su pecho lo cubre la casaca blanca del campeón de América de 2004, ésa para él es sagrada. “Los barristas seguimos al equipo, no a los jugadores, el único dios sería la camiseta”.

 Y ese dios se vende como pan caliente. Aunque su demanda y precio varían. En épocas de finales la gente se vuelca a comprar el todopoderoso del fútbol estampado con el patrocinio de su homólogo del licor. La prenda, más sagrada para unos que otros, cuesta en la Tienda del Once, 75mil pesos. Sin embargo, una muy parecida, pero sin hologramas de originalidad se consigue por menos de 20mil en el centro de la ciudad. Esta religión también es un negocio.

 Pero acá, más que en otras religiones no convencionales de Manizales, sí que existe el infierno. Ése que este semestre ha vivido el equipo de Javier Álvarez después de alcanzar la gloria. Las goleadas a manos de Pasto y Pereira han sido dolorosas, más la de este último el rival regional ¡qué humillación para un manizaleño!, derrotado con los que llaman pereiranitos 4 goles por 1.

 Y aunque sin fanatismos, Gabriel es racional y dice que el infierno con el Once es perder en enfrentamientos a compañeros de la hinchada, no se puede pasar por alto que la posición del campeón en la casilla 15, es en estos momentos el debacle de la religión blanca del fútbol.

Acá está el infierno:

El manizaleño elitista común prefiere que el foráneo no se mezcle con lo burdo de su ciudad, no le gusta mostrar la pobreza reinante y por eso tal vez fue que cayó tan bien el traslado de la terminal de transportes a un lugar donde no se tuviera que estar cerca de un sector tan deprimido como el de la Galería.

 Y es que allá hay un micro-mundo; una lógica económica, cultural y social diferente a la Manizales fría, cafetera, torera, etc. La gente se mueve agitada por el calor de la jornada -que no es fácil- así el día esté nubado. Esas imágenes de los barrios populares de India o África, son el ejemplo del movimiento en una galería, donde el campo se vende, en la que debe haber seguridad extrema porque no hay confianza en nadie y el robo puede ser una forma de ganar dinero fácil, así sea para comerse un pedazo de pan.

 Los hombres en sus puestos de trabajo: arregladores, venteros ambulantes o en sus puestos de verdura sólo esperan sacar el sustento diario para subsistir y mantener a sus hijos, quienes por falta de recursos estatales o por obligación de sus padres, terminan alejados de la educación, y aportando desde los 10 años a la economía de su casa.

 Pero las mujeres, ¡ay las mujeres! Son quienes más terminan sufriendo. Quizá indignas, muchas no lo piensan así, terminan vendiendo su cuerpo, teniendo sexo con aparecidos tipos desagradables para responder por sus hijos, su hogar o simplemente por ellas mismas.

 En una de las cuadras más desoladas de este sector están las residencias Mariscal. En la puerta hay dos o más mujeres (o no precisamente mujeres), con vestidos bastante insinuantes, ofreciéndome “hacerme lo que quiera” a cambio de máximo de 10mil pesos. Y eso que en medio del desespero dicen que “por 3mil pesos la mama’ita”. 

 ‘La Morena’ es una de estas, que a vista de vuelo de pájaro, sí parece mujer. Su voz me lo confirma. Por los 3mil no hace la felación, mejor la convenzo para que hable. Reacia cuenta su poco afortunada vida y en sus ojos se delata que en 35 años de vida, pocos han sido los momentos felices.

 Ella, de cabello rubio (tinturado), pero apodada ‘La Morena’ por sus compañeras, está segura que desde ya está en el infierno. “La puta vida que nos tocó a muchas es el infierno vivito acá” asegura con algo de rabia, pero aterrizada a su realidad.

 No cree en Dios, dice. De algún modo su profesión la ha vuelto más feminista porque se niega a rezarle a Jesucristo, pero no escatima en “pedirle a la virgencita que la proteja”. La alta morena ha dejado de lado todos “los muñecos”, como llama a las figuras religiosas. Ella cree que desde donde está: en la cama, en la puerta de las residencias a medianoche o antes de dormir, tiene el apoyo de la virgen María. Y quizá también de la Magdalena, a quien la Iglesia ha condenado en tachar como prostituta.

 Así que en el infierno en el que le tocó vivir, como condena previa del supuesto creador a unos cuantos humanos, esta morena poco se persigna, no va a misa, ni cree en milagros, aunque respeta la religiosidad de sus compañeras. Eso sí, a la sociedad manizaleña no duda en calificarla de “rezanderos de mierda”, en medio del resentimiento y la falta de oportunidades que le tocaron.  

La espalda a la cruz:

Salgo de la Galería con temor, tristeza y aunque dicen que es feo sentirlo, lástima por quienes han tenido vidas desdichadas y de alguna manera inhumana. La correría por la Manizales en frenesí y depresión impacta y eso que no llegué a los extremos de ver los estratos 6 y 7 que en la ciudad existen.

 Llegando a la Plaza Alfonso López, me topo de nuevo frente a la Iglesia de los Agustinos. La injusticia con la humanidad me hace mirarla con desdén y me reivindico con el ateísmo, poco me interesan las falsedades de nuestra religión. Pero pienso de nuevo, no tanto en el fanatismo de creer redentora a la Iglesia, sino viéndola como un faro necesario de la humanidad, y recapacito.

 En el fondo del pensamiento y del corazón sé que existe un Dios. Como se llame, como sea físicamente y en el lugar que esté; así sea en una botella, una estatua, una camiseta o en la imaginación. Los manizaleños decidieron, por tradición, creer en la religión de esa cruz que está al final de la cúpula.

Los respeto. Pero sin hallar respuestas ni soluciones al mundo en ese universo, prefiero dar media vuelta, darle la espalda a esa cruz y seguir mi camino recorriendo el mundo de la ciudad de las religiones no convencionales.  

domingo, 4 de octubre de 2009

LA IDEA DE PETRO


Siempre he creído en eso de que el voto es secreto y que no es bueno persuadir- así sea desde un escrito de opinión- a los demás para que elijan un candidato. Por eso antes de las encuestas no quise revelar que mi voto fue por Gustavo Petro en la consulta amarilla.

 Y lo fue no por aquella justificación de que Gaviria era un viejo que debía ya jubilarse de la política, sino por su radicalismo al que las huestes petristas se oponían proponiendo una gran alianza democrática en pro de grandes cambios contra el camino dictatorial del uribismo.  

 Voté por el ex militante del M-19 pensando en perder y en que las maquinarias existentes en el Polo harían sucumbir su aspiración presidencial y me llevarían a buscar otro referente político de cara a mayo de 2010. Pero la sorpresa llegó y Gustavo fue ungido como candidato presidencial (aunque de un Polo burocrático). Aquí la premisa esa de que importa más la persona que el partido si es válida, aunque no necesariamente saludable.

 Como un arrimado está Petro, en un Polo de mayorías radicales y con sed de poder. No hay forma de que su partido, sorprendido en la dirigencia con el inesperado triunfo de su rebelde miembro, logra por ahora una unidad necesaria para convertirse en opción de poder.

 No hay humo blanco para el apoyo al acuerdo interpartidista para “acordar el futuro” que proponer Petro. Su idea sufre de problemas internos, ideológicos de ego y de acuerdos.

 Su primer problema es interno y es el atolladero del que debe salir primero. La clientelista facción polista quiere llegar ‘pura’ a la primera vuelta presidencial, valiéndose de radicalismos y de defensa de sus planteamientos. La idea de Petro es ambiciosa, difícil de alcanzar, pero saludable para la democracia, pues la aplanadora uribista dejaría aplastados a los pequeños egos y terquedades políticas que se oponen al proyecto de reelección.

 Gustavo Petro está dispuesto a volver a ser precandidato, a entregar su candidatura y “a cargarle la maleta” a quien gane en esa consulta soñada (Polo, Liberales y Opción Centro). Pero ya hay más problemas en el camino. Hay roces ideológicos, pues en esta fiesta de la democracia, en este plan izquierdo-centrista, se metió Vargas Lleras; pero para girar de su derecha, sino con el cerrado interés de que su casa roja se adhiera a él y sumar votos.

 Es irracional que Pardo guíe a los liberales hacia Vargas Lleras (uribista no reeleccionista, pero comparte todas las tesis del gobierno) sólo por una afinidad entre ambos, cuando la gran mayoría de ese partido ha hecho abierta oposición a los actos presidenciales de los últimos años.

 Muy seguramente César Gaviria estará apoyando esto en busca también de más votos, pero sería más coherente a sus acciones aceptar la invitación de Petro, aunque sigue siendo difícil, pues la corriente socialdemocráta fue la que perdió en la consulta roja.

 En otra tribuna del ruedo político están los 3 tenores, quienes ya aterrizaron su proyecto al Partido Verde Opción Centro (¡qué buena noticia!) pero quizá por eso adquirieron cierta soberbia y ego y no quieren realizar alianzas. Así como Sergio Fajardo se alejó de cualquier opción de alianzas y no aceptó ser precandidato cuando ya es candidato, él si no quiere cargarle la maleta a nadie.

 Así que la idea de Petro sigue en veremos, los individualismos de una oposición (o alternativa política, como quiera llamarse) que tiene buenas propuestas se enfrentan a la misma visión de país que por 7 años nos ha ofrecido un uribismo fuerte y consolidado, aprovechándose de todo el aparato estatal.

 No sé si Petro vaya a ser presidente, ni digo que voy a votar por él en mayo, no lo sé (además insisto que no me gusta sugerirlo); de lo único que estoy seguro es que es necesario que Lucho, Pardo, Mockus, Peñalosa y Fajardo acepten la invitación de Gustavo y que el que dice ser su partido, el Polo, comprenda que la iniciativa de su candidato es la mejor, en contra de radicalismos y en busca de ser gobierno.

 BROCHE: Estoy seguro que el 94% de los que NO votaron en las consultas, NO son Uribistas. Cada vez son y serán menos los que tienen la venda.