jueves, 15 de octubre de 2009

REPORTAJE//MANIZALES Y SUS DIOSES

 Fue hace unos años, pensando en la Universidad y en la carrera que escogería, que se cruzó por mi mente el nombre de Manizales. Sólo cuatro visitas en mi vida eran el respaldo para conocer la llamada ciudad universitaria.

 Los mitos regionalistas no se demoraron en transmitirme cuando dije que viviría a tres horas de mi casa, en la ciudad de las tres F: una provincia fría, fea y falduda. Estudiaría, pues, en un pueblo grande al que tachan de toma trago, elitista, conservador, fanático del fútbol y los toros, cafetero y excesivamente religioso. Como no soy amigo de los prejuicios, sólo me dediqué a descubrir.

 La Manizales que conocí sí es fría, con una temperatura baja, un aire helado y unas lluvias que de vez en mes cuando caen, y no hay paraguas, emputan. Y es quizá ese clima, que produce colores parcos en el ambiente y deprime en los días más inútiles, lo que hace ver impasible y fea la ciudad. Pero el ánimo de la mayoría que uno se topa en la calle y uno que otro trago de Aguardiente Cristal quitan esa percepción de inmediato, lo llevan a uno al goce.    

 De ahí para adelante nada es ignoto. Es típicamente manizaleño decir que se vive en una sociedad elitista (a los pobres los quieren esconder o ellos se camuflan). Los toros y el fútbol son, en el papel, el opio del pueblo (el primero más elitista que el segundo). Lo coyunturalmente conservatizado de Colombia, en Manizales desde siempre ha existido (su periódico es azul por el partido godo) y en sus alrededores el olor del aire está provisto de café.

 Todo eso no me impresionó comprobarlo. Lo que sí, fueron dos cosas: sus faldas (esas calles empinadas, interminables y agotadoras) y la religiosidad viva de su gente. Los llamados, las gracias y los pedidos a unos dioses (los que sean), se emanan en cualquier lugar desde los 2.150 metros de altura a los que está la ciudad de los patifríos

Las cúpulas arañan el cielo:

Hay algo que caracteriza a Manizales desde la panorámica vista que hay junto a la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario en Chipre, y es la cantidad de templos que se propagan por toda la ciudad. Desde la altura vigilante se alcanzan a ver la Catedral Basílica, el Templo de la Inmaculada Concepción, la Iglesia del Sagrado Corazón (los Agustinos) y con vista de águila y ayuda de binóculos otras cuantas se agregan a la lista, como la emblemática de Fátima.

 Todos los anteriores son templos católicos, el paradigma religioso de la ciudad. Sin embargo, sus competidoras existen; las iglesias cristianas, protestantes o pentecostales, ganan cada día más adeptos e instalan nuevos centros religiosos.

 En cifras del grupo de investigación Prospección Etnográfica del Cambio Religioso de la Universidad de Caldas, en Manizales más del 5% de sus habitantes son protestantes, la mitad de la estadística nacional, pues según El Tiempo el 11% de colombianos son protestantes, muy lejano del 81% de católicos predominantes en el país. 

 Luz Marina Ávila, una robusta ama de casa que vive en Campohermoso, es una activa religiosa de ese porcentaje católico. Con camándula en mano repite cuantos padrenuestros y aves marías necesite para rezar los cinco misterios de su rosario, la previa para llegar a misa en la Iglesia de los Agustinos.

 Esta católica de 52 años tiene en su mente el discurso religioso. Cree fervientemente en lo que la Biblia, le instituye como ley y modelo de vida. La mujer se atreve a polemizar y termina afirmando que cree más en la obra cristiana que, por ejemplo, en la Constitución Política de su país. “No es más que una arandela de mentiras (la Carta Magna), la verdadera solución está en encomendarnos y rezar”.

 Las sospechas de fanatismo que tenía sobre ella se confirman más. La señora Ávila, quien dice cumplir con los diez mandamientos  y evita caer en algún pecado capital, cree aún que la Iglesia es la única salida a “la maldad humana que está creciendo”, para ella son los curas, desde sus púlpitos, quienes pueden iluminar al mundo.

 Dejo a la cuasi fanática católica y ceso mis dudas sobre su religión. Pero sus menciones sobre los sacerdotes como adalides del mundo me quedan retumbando y termino sucumbiendo. Camino unas cuadras por el agitado comercio informal de la bohemia ciudad y quedo frente a la réplica de la Iglesia Ermita de Cali, los Agustinos.

 El estilo neo-gótico de su exterior y sus lujos al interior me recuerdan un grupo en Facebook que pide cambiar tesoros del Vaticano por comida para África. Autocensuro mi crítica y mejor recorro el templo, quiero hablar con el párroco, pero a las estatuas romanas de la iglesia sólo las acompañan tres feligreses.

 Sigo en busca del adalid de Luz Marina y seguro de encontrarlo voy al despacho parroquial. Una mujer, algo tosca y sin mucho interés por atenderme, sólo me dice que el sacerdote no está; mientras echa, con el mismo malgenio, a un habitante de la calle que llegaba a pedir pan, como llaman los católicos a la comida.

 En ese momento para mí la mujer fue toda la iglesia. Y si ni siquiera pudo suplir esa necesidad alimentaria, ¿cómo pretende ser la guía de un nuevo mundo? Ahí fue cuando pensé que muy seguramente lo poco que hace el clero en la pre-moderna Manizales es censurar actividades liberales, como Expoerótica, porque al arzobispo Fabio Betancur le parecía pecado.  

Mi dio’ le pague por el alcohol:

“Pa’ este frío lo mejor es un aguardientico”. Ésta la frase que crearon los ancestros cafeteros y transmitieron a sus herederos, los cada vez más toma-trago. El hecho de que aquí haya una industria licorera departamental, y que se produzca uno de los mejores rones del mundo, no nos es indiferente a los jóvenes. En fiel obediencia a la famosa canción de la banda pereirana La Iguana, la cita es para beber, beber, toda la noche sin parar.  

 Y como en los últimas fines de semana, con aguardiente en mano, empiezo a levantar el codo y tomar guaro, esperando qué depara la rumbera noche de viernes. El Cristal se ha convertido en mi dios del licor, fiel compañero y guía en momentos de fiesta. Aunque tampoco para instituir una religión, como muchos osados dicen apoyar en pro de bendecir el preciado líquido. 

 El Antioqueño, mi otrora aguardiente preferido, ha pasado a segundo plano. Ese buda fue remplazado por un Cristo llamado licores de Caldas, que en Manizales se consumen desbocadamente. Y las cifras lo confirman, pues la Industria Licorera de Caldas (ILC), a pesar de ser de región pequeña, vendió en 2008 más de 124mil millones de pesos y se ubicó como la tercera en su sector, después de la Fábrica de Licores de Antioquia (con 212mil millones) y la multinacional Diageo (con 164mil millones).

 Todo deja en evidencia el alto grado de alcohol que se consume en la provincia de los nevados. La santísima trinidad de la ILC es aclamada por los feligreses del alcohol. El todopoderoso en la ciudad es el Aguardiente Cristal, aquel que patrocina al equipo del alma y el que se toma en cada esquina. Su hijo, el Ron Viejo, es el que se va de la tierra para encontrar prestigio y el sustento del 70% de las ventas de la Licorera, el viejo creó una religión ieleciana. Y por su puesto, el espíritu santo es la joven y abstracta figura del no-guayabo del Cristal sin Azúcar.

 La noche sigue y una y otra copa hacen efecto. Entre 8 personas nos tomamos dos cajas del todopoderoso. Ya es hora de fiesta. Estoy en El Cable, que sumada a El Tablazo, Chipre y Milán, conforman las zonas rosa instituidas en Manizales. Desde allí los otros siete definen que ese día habrá Perreo a poca luz, el nombre de la fiesta esa noche en Mi Dio’ le pague, y allá terminamos.

 El sonoro nombre de Mi Dio’ le pague, uno de los nuevos sitios de rumba de la ciudad, tiene mucho que ver con la tradición y la historia de la ciudad. Tomamos un taxi y pagando 5mil pesos estamos allá, frente a una discoteca disfrazada de casa vieja tradicional. Ésas donde los arrieros, potentados machistas, llegaban cada noche a pedirle comida a su esposa.

 Así, inspirados en el todopoderoso (no el aguardiente) decían simplemente y con abreviación: mi dio’ le pague; encomendados, como siempre, a quien cada domingo en una iglesia le rezaban. Pero esa noche el sentido ha cambiado, lo último que se va a hacer es rezar.

 Para muchos es lujuria, para otros actos desmedidos y para unos cuantos, pura diversión. Pero lo que dio’ nos paga esa noche es la buena fiesta que disfrutamos en la discoteca, alejada de la civilización, donde, si se quiere, el pecado está presente. 

El Once, pasión y religión:

En la futbolera Manizales, hay muchos que piensan que el mejor plan de cada domingo (algunas veces para pasar guayabo) es ir al ya histórico Estadio Palogrande para ver jugar al Once o en su defecto, verlo en la pantalla chica.

 Los que asisten cada semana al coloso de la 62, como lo apodaron desde los micrófonos radiales los muchos periodistas deportivos que ha dado Caldas, van seguros de disfrutar un buen espectáculo en uno de los mejores estadios del país. El Palogrande, fundado en 1994 alberga a más de 45mil espectadores y le gusta vestirse siempre de blanco, aunque no llena graderías.

 Su hinchada fiel, la de Holocausto Norte, no para de criticar a los que llama once caldistas de resultados, esos que sólo pagan la boleta cuando se está en semifinales. Y es que los datos son pecaminosos para el más reciente campeón de la Mustang. En cada partido el público fijo es de 5mil a 6mil hinchas, sin contar que en el encuentro con Huila, sólo 852 almas cantaron, alabaron y pidieron favores (goles) en el templo Palogrande.

 Mientras un parroquiano del común besa su escapulario de la cruz cristiana y le pide a su Dios para desearle una victoria a su equipo, Gabriel Castro, un apasionado barrista, sólo agita su bandera blanca con una cruz negra, nada religiosa por cierto.

 “Es el símbolo del equipo, nuestros colores, nada que ver con cristos ni dioses” sentencia extrovertido este ateo hincha quien lleva 8 años en Holocausto. Saltando al ritmo de los bombos y redoblantes que resuenan entre la avenida Santander y la Paralela en cada juego, él va camino al santuario futbolero embriagándose para entrar en ambiente y animar a su equipo.

 La fila es larga, la paciencia grandiosa, pero nada importa cuando se trata de ver a lo que considera más que una religión, una cultura, su Once Caldas. Su pecho lo cubre la casaca blanca del campeón de América de 2004, ésa para él es sagrada. “Los barristas seguimos al equipo, no a los jugadores, el único dios sería la camiseta”.

 Y ese dios se vende como pan caliente. Aunque su demanda y precio varían. En épocas de finales la gente se vuelca a comprar el todopoderoso del fútbol estampado con el patrocinio de su homólogo del licor. La prenda, más sagrada para unos que otros, cuesta en la Tienda del Once, 75mil pesos. Sin embargo, una muy parecida, pero sin hologramas de originalidad se consigue por menos de 20mil en el centro de la ciudad. Esta religión también es un negocio.

 Pero acá, más que en otras religiones no convencionales de Manizales, sí que existe el infierno. Ése que este semestre ha vivido el equipo de Javier Álvarez después de alcanzar la gloria. Las goleadas a manos de Pasto y Pereira han sido dolorosas, más la de este último el rival regional ¡qué humillación para un manizaleño!, derrotado con los que llaman pereiranitos 4 goles por 1.

 Y aunque sin fanatismos, Gabriel es racional y dice que el infierno con el Once es perder en enfrentamientos a compañeros de la hinchada, no se puede pasar por alto que la posición del campeón en la casilla 15, es en estos momentos el debacle de la religión blanca del fútbol.

Acá está el infierno:

El manizaleño elitista común prefiere que el foráneo no se mezcle con lo burdo de su ciudad, no le gusta mostrar la pobreza reinante y por eso tal vez fue que cayó tan bien el traslado de la terminal de transportes a un lugar donde no se tuviera que estar cerca de un sector tan deprimido como el de la Galería.

 Y es que allá hay un micro-mundo; una lógica económica, cultural y social diferente a la Manizales fría, cafetera, torera, etc. La gente se mueve agitada por el calor de la jornada -que no es fácil- así el día esté nubado. Esas imágenes de los barrios populares de India o África, son el ejemplo del movimiento en una galería, donde el campo se vende, en la que debe haber seguridad extrema porque no hay confianza en nadie y el robo puede ser una forma de ganar dinero fácil, así sea para comerse un pedazo de pan.

 Los hombres en sus puestos de trabajo: arregladores, venteros ambulantes o en sus puestos de verdura sólo esperan sacar el sustento diario para subsistir y mantener a sus hijos, quienes por falta de recursos estatales o por obligación de sus padres, terminan alejados de la educación, y aportando desde los 10 años a la economía de su casa.

 Pero las mujeres, ¡ay las mujeres! Son quienes más terminan sufriendo. Quizá indignas, muchas no lo piensan así, terminan vendiendo su cuerpo, teniendo sexo con aparecidos tipos desagradables para responder por sus hijos, su hogar o simplemente por ellas mismas.

 En una de las cuadras más desoladas de este sector están las residencias Mariscal. En la puerta hay dos o más mujeres (o no precisamente mujeres), con vestidos bastante insinuantes, ofreciéndome “hacerme lo que quiera” a cambio de máximo de 10mil pesos. Y eso que en medio del desespero dicen que “por 3mil pesos la mama’ita”. 

 ‘La Morena’ es una de estas, que a vista de vuelo de pájaro, sí parece mujer. Su voz me lo confirma. Por los 3mil no hace la felación, mejor la convenzo para que hable. Reacia cuenta su poco afortunada vida y en sus ojos se delata que en 35 años de vida, pocos han sido los momentos felices.

 Ella, de cabello rubio (tinturado), pero apodada ‘La Morena’ por sus compañeras, está segura que desde ya está en el infierno. “La puta vida que nos tocó a muchas es el infierno vivito acá” asegura con algo de rabia, pero aterrizada a su realidad.

 No cree en Dios, dice. De algún modo su profesión la ha vuelto más feminista porque se niega a rezarle a Jesucristo, pero no escatima en “pedirle a la virgencita que la proteja”. La alta morena ha dejado de lado todos “los muñecos”, como llama a las figuras religiosas. Ella cree que desde donde está: en la cama, en la puerta de las residencias a medianoche o antes de dormir, tiene el apoyo de la virgen María. Y quizá también de la Magdalena, a quien la Iglesia ha condenado en tachar como prostituta.

 Así que en el infierno en el que le tocó vivir, como condena previa del supuesto creador a unos cuantos humanos, esta morena poco se persigna, no va a misa, ni cree en milagros, aunque respeta la religiosidad de sus compañeras. Eso sí, a la sociedad manizaleña no duda en calificarla de “rezanderos de mierda”, en medio del resentimiento y la falta de oportunidades que le tocaron.  

La espalda a la cruz:

Salgo de la Galería con temor, tristeza y aunque dicen que es feo sentirlo, lástima por quienes han tenido vidas desdichadas y de alguna manera inhumana. La correría por la Manizales en frenesí y depresión impacta y eso que no llegué a los extremos de ver los estratos 6 y 7 que en la ciudad existen.

 Llegando a la Plaza Alfonso López, me topo de nuevo frente a la Iglesia de los Agustinos. La injusticia con la humanidad me hace mirarla con desdén y me reivindico con el ateísmo, poco me interesan las falsedades de nuestra religión. Pero pienso de nuevo, no tanto en el fanatismo de creer redentora a la Iglesia, sino viéndola como un faro necesario de la humanidad, y recapacito.

 En el fondo del pensamiento y del corazón sé que existe un Dios. Como se llame, como sea físicamente y en el lugar que esté; así sea en una botella, una estatua, una camiseta o en la imaginación. Los manizaleños decidieron, por tradición, creer en la religión de esa cruz que está al final de la cúpula.

Los respeto. Pero sin hallar respuestas ni soluciones al mundo en ese universo, prefiero dar media vuelta, darle la espalda a esa cruz y seguir mi camino recorriendo el mundo de la ciudad de las religiones no convencionales.  

domingo, 4 de octubre de 2009

LA IDEA DE PETRO


Siempre he creído en eso de que el voto es secreto y que no es bueno persuadir- así sea desde un escrito de opinión- a los demás para que elijan un candidato. Por eso antes de las encuestas no quise revelar que mi voto fue por Gustavo Petro en la consulta amarilla.

 Y lo fue no por aquella justificación de que Gaviria era un viejo que debía ya jubilarse de la política, sino por su radicalismo al que las huestes petristas se oponían proponiendo una gran alianza democrática en pro de grandes cambios contra el camino dictatorial del uribismo.  

 Voté por el ex militante del M-19 pensando en perder y en que las maquinarias existentes en el Polo harían sucumbir su aspiración presidencial y me llevarían a buscar otro referente político de cara a mayo de 2010. Pero la sorpresa llegó y Gustavo fue ungido como candidato presidencial (aunque de un Polo burocrático). Aquí la premisa esa de que importa más la persona que el partido si es válida, aunque no necesariamente saludable.

 Como un arrimado está Petro, en un Polo de mayorías radicales y con sed de poder. No hay forma de que su partido, sorprendido en la dirigencia con el inesperado triunfo de su rebelde miembro, logra por ahora una unidad necesaria para convertirse en opción de poder.

 No hay humo blanco para el apoyo al acuerdo interpartidista para “acordar el futuro” que proponer Petro. Su idea sufre de problemas internos, ideológicos de ego y de acuerdos.

 Su primer problema es interno y es el atolladero del que debe salir primero. La clientelista facción polista quiere llegar ‘pura’ a la primera vuelta presidencial, valiéndose de radicalismos y de defensa de sus planteamientos. La idea de Petro es ambiciosa, difícil de alcanzar, pero saludable para la democracia, pues la aplanadora uribista dejaría aplastados a los pequeños egos y terquedades políticas que se oponen al proyecto de reelección.

 Gustavo Petro está dispuesto a volver a ser precandidato, a entregar su candidatura y “a cargarle la maleta” a quien gane en esa consulta soñada (Polo, Liberales y Opción Centro). Pero ya hay más problemas en el camino. Hay roces ideológicos, pues en esta fiesta de la democracia, en este plan izquierdo-centrista, se metió Vargas Lleras; pero para girar de su derecha, sino con el cerrado interés de que su casa roja se adhiera a él y sumar votos.

 Es irracional que Pardo guíe a los liberales hacia Vargas Lleras (uribista no reeleccionista, pero comparte todas las tesis del gobierno) sólo por una afinidad entre ambos, cuando la gran mayoría de ese partido ha hecho abierta oposición a los actos presidenciales de los últimos años.

 Muy seguramente César Gaviria estará apoyando esto en busca también de más votos, pero sería más coherente a sus acciones aceptar la invitación de Petro, aunque sigue siendo difícil, pues la corriente socialdemocráta fue la que perdió en la consulta roja.

 En otra tribuna del ruedo político están los 3 tenores, quienes ya aterrizaron su proyecto al Partido Verde Opción Centro (¡qué buena noticia!) pero quizá por eso adquirieron cierta soberbia y ego y no quieren realizar alianzas. Así como Sergio Fajardo se alejó de cualquier opción de alianzas y no aceptó ser precandidato cuando ya es candidato, él si no quiere cargarle la maleta a nadie.

 Así que la idea de Petro sigue en veremos, los individualismos de una oposición (o alternativa política, como quiera llamarse) que tiene buenas propuestas se enfrentan a la misma visión de país que por 7 años nos ha ofrecido un uribismo fuerte y consolidado, aprovechándose de todo el aparato estatal.

 No sé si Petro vaya a ser presidente, ni digo que voy a votar por él en mayo, no lo sé (además insisto que no me gusta sugerirlo); de lo único que estoy seguro es que es necesario que Lucho, Pardo, Mockus, Peñalosa y Fajardo acepten la invitación de Gustavo y que el que dice ser su partido, el Polo, comprenda que la iniciativa de su candidato es la mejor, en contra de radicalismos y en busca de ser gobierno.

 BROCHE: Estoy seguro que el 94% de los que NO votaron en las consultas, NO son Uribistas. Cada vez son y serán menos los que tienen la venda.

martes, 22 de septiembre de 2009

Y LLEGÓ LA CONFIANZA ELECTORAL...


La última vez que escribí fue para denigrar de las joyitas que por décadas han gobernado el país. El poder presidencial termina siempre concentrado en las mismas familias, empresas afines a ellas, la maquinaria de los partidos y en las élites que terminan moviendo a la convenientemente ignorante masa.

Por eso aunque extrañamente ese asco de la politiquería ha convertido a los colombianos en peligrosos seres apolíticos, que se escapan de todo debate de ese tipo con la simple premisa de “qué pereza la política”; yo sorpresivamente aún me emociono con cada elección y cada oportunidad que se nos pueda dar de cambiar las cosas con el voto. Aunque siempre caigo, y el voto no termina mejorando nada, sólo termina por mostrarme lo susceptibles que somos a propuestas engañosas y candidatos del mismo corte.

Ya hubiera sido hora de que me desilusionara, tirara todo al traste y dejara que la suerte de este país quedara echada al destino de lo que la mayoría (masa) sin razones, quiere imponer. Pero eso suena irresponsable e indiferente, nada mejor que contribuir, de algún modo en el poco espacio que da la democracia, aunque poco confiemos en su sistema.

Muchas son las rabias que me traen el sistema de elección y esa extraña venda encubierta en el término de “Estado de Opinión” que no es más que el pueblo ciego. La democracia apesta, empieza a rondar en mi mente, es mejor y más fácil no votar y dejar de pensar el país. Pero parece que vuelvo a caer, ahora me tientan hablándome de confianza electoral.

Son tres hombres, desde la capital al país le hablan de territorios y actos de confianza. Nos hablan de volver a creer en la política y en los que la ejercen de manera honesta (que son pocos, pero existen). Nos muestran un espejo llamado Bogotá y lo proyectan a lo que quieren hacer con Colombia.

Los tres ex alcaldes, o los trillizos como les dicen en los medios, son los que desde una incipiente página de Internet le quieren mostrar una manera sin maquinaria y sin vicios de hacer política; y no significa que sea política de pobres (sin apoyo económico), se trata de transparencia y de principios éticos en una profesión que parecía haberlos perdido.

Mockus, Peñalosa y Lucho parecen nombres que juntos no parecían verse hacía un tiempo, pero que se convergieron en reflejo de un termómetro para medir que el país estaba en muy malas manos (desde la ética política).

Pareciera que ésta es la propuesta ganadora en la oferta que se muestra en la vitrina de candidatos. Y es que hay de todo, aquellos que no son tan malos como personas, pero que están muy mal apoyados (partidos corruptos y politiqueros)  o de algún modo muy mal rodeados en el presente o en un oscuro y no develado pasado, como le puede estar pasando a Sergio Fajardo.

Los tres tenores-como también le resultaron diciendo al trío- tienen que bucear mucho en las profundidades pragmáticas que están para poder salir a la superficie y hacerse visibles, no en el ámbito ético de la política, ni en la credibilidad, ni en la opinión favorable, y quizá tampoco en las propuestas (su punto de partida será la Bogotá mejor que entregaron); el reto es llegar ponerse en el nivel estructural de los políticos típicos de Colombia.

Es decir, tener una organización, un apoyo económico y unas influencias bastas para abonar terreno. Ellos solos pueden ser la gran propuesta de acuerdo y reconciliación que estábamos esperando, pero el tapabocas (y no por gripa) que tienen en estos momentos, por cuenta de una reforma política que ha querido matar a los independientes, no ha dejado aterrizarlos para que empiecen a contarnos su visión ya no de ciudad, sino de país.

Se busca partido, firmas o alianzas positivas, lo que sea en pro de hacer posible ese concepto de confianza electoral no en la teoría política, sino en su práctica para 2010 en Colombia.  

Aquí les dejo la página: www.confianzaelectoral.com 

domingo, 20 de septiembre de 2009

OPINIÓN//QUÉ JOYITAS

RECLAMA LA BANDA PRESIDENCIAL DE LA REPÚBLICA DE COLOMBIA EN LOS PAQUETES DE YUPI.


Pareciera que cada que un colombiano acude a votar en las urnas lo hace conducido por un frenesí emotivo, influenciado desde diversos flancos y no recurriendo a la razón. Aquí no hay ‘pienso, luego actúo’, pues la mayoría de veces siempre hay intereses de unos pocos que conducen a la mayoría a tomar una mala decisión.

 Y todo esto no es una simple crítica por hablar y denigrar de la democracia porque sí, es sólo el resultado que nos deja el hecho de la semana anterior: el ring de ex presidentes.

 Felices eran los periodistas políticos-light  disfrutando en cada reunión que se podía, la eterna confrontación de Ernesto Samper y Andrés Pastrana por aquello del proceso 8.000; pero la pelea estuvo recargada. Los nuevos agregados fueron César Gaviria y Uribe. Eso sí, éste último aunque fue aludido,  siempre tiene a sus borregos para que salgan ensuciarse el trasero por él.  Y el de turno fue el ministro ‘anti-social’ Diego Palacio.

 Las mediáticas acusaciones, que fueron en pro de mantener orgullo y posición política, no habrían trascendido, la verdad; no habrían tenido nada de nuevo, en serio; sino hubiera sido por algunos detalles que allí surgieron. Todos ellos dejan en entre dicho los esperpentos de gobernantes que hemos tenido, aquí un espeluznante decálogo de algunos actos de los que han sido y quien es, Presidente de la República de Colombia.

1. El hecho de que existieran sospechas contra Maza Márquez, ex director del DAS (no deja se sorprender esta joyita de departamento administrativo) sobre sus cercanías con grupos ilegales y que el gobierno Gaviria ignoró “en pro de la captura de Pablo Escobar”.

 2. La acusación de Gaviria a Samper de que el hoy acusado General entró a la campaña de éste a través del relacionista de los narcotraficantes Rodríguez Orejuela.

 3. La sentencia de César a Ernesto de cuestionarle si era de los que “aún lloran la muerte de Escobar”

 4. La supuesta relación señalada por Samper, que existió entre Gaviria y los Pepes.

 5. La simpleza con la que Uribe manejó una reunión de presidentes para ‘la asesoría en las relaciones exteriores’ (en comillas porque está entredicho dicha asesoría) en la que Belisario y Samper apoyaron irrestrictamente a Uribe en sus gestiones, todo para no darle protagonismo a su rival César Gaviria, quien a la reunión había llevado una propuesta detallada de la crisis regional.

6. La cobardía de Álvaro Uribe para responderle de frente las acusaciones a César Gaviria sobre las prácticas politiqueras de su gobierno y como es típico, la desviación del tema.

 7. El ocultamiento de la información sobre los narco-casetes de manos de Andrés Pastrana (quien los recibió) y César Gaviria (el presidente de la época). Y por supuesto, el señalamiento de Samper en ellos, que ya es cuento viejo.

 8. Las relaciones de Virgilio Barco y su favorecimiento petrolero a través de la concesión Barco

 9. La perdida de poder y golpe de Estado a Belisario en plena toma al Palacio de Justicia

 10. La seguridad democrática, sin derechos humanos; el empobrecimiento del país; la pérdida de recursos para salud y educación; los crímenes de Estado y la politiquería vergonzosa del actual gobierno Uribista.

 Las jornadas democráticas son emotivas, que un país salga a votar para elegir un presidente, es bueno; pero dados los hechos, en Colombia hay que temer cada vez que se salga a votar, no se sabe qué ‘monstruo’ terminará vencedor.  

 Por eso, Habrá que esperar a saber quién es el ganador y cuando se conozca, elegir como presidente a otro, el que sea, pues se sabe que siempre el que gana, es perverso. 

domingo, 6 de septiembre de 2009

Una Precisión

Caracol Radio y Caracol Televisión sí realizaron reportes sobre la marcha en contra de Uribe. En el primero anunciaron que eran 500 personas marchando, mientras que en el segundo informaron que eran 50 personas, a pesar de que fueron más de 1.000 ciudadanos movilizándose por Bogotá en contra del futuro dictador.

Sin embargo, aunque ambas cadenas hermanas informaron (aunque no de forma certera) muchos medios de comunicación se quedaron sin dar cuenta de la marcha. ¿Qué pasó con El Espectador y Semana? Era obvio que El Tiempo y  RCN Radio y TV nada dirían.

¿Y la marcha contra Uribe qué?


Con o sin motivo, no es mi papel juzgarlo, miles de colombianos marcharon el viernes y arengaron por varias ciudades del país “No más Chávez”, todo en respuesta a lo que llamaron la política intervencionista del presidente venezolano. A pesar de no ser apoteósica, de no haber convocado al número de personas que esperaban y de sólo alimentar un odio y una rivalidad ideológica, los medios reseñaron la movilización.

 Pero como todo en Colombia se ha vuelto entre blanco y negro (sin posibilidad de grises) la peligrosa polarización que empieza a reinar en el país hizo advenir otra marcha, totalmente opuesta a la anterior. No en apoyo al presidente Chávez, sino en rechazo al progresista dictador colombiano, Álvaro Uribe. Nacida en la cuna virtual (Facebook y otras páginas web) la marcha “No más Uribe”, también se programó para el 4 de septiembre.

 Y mientras el día finalizó con los resúmenes sobre la marcha anti-chavista de noticieros, páginas web de periódicos y radios nacionales, nada, absolutamente nada, se reseñó sobre la movilización en contra de Uribe Vélez. A los ojos de la inocente opinión pública, que sólo se informa a través de los palaciegos y autocensurados medio nacionales, la movilización anti-uribista jamás ocurrió.

 Pero como todo lo que nos dicen en Colombia hay que dudarlo, ésta no iba a ser la excepción. Y me dedique a rebuscar en el único medio democrático y completamente libre que queda en estos países donde hay o estamos en camino de una dictadura, Internet. Evidentemente, ningún medio de comunicación colombiano había separado un espacio para mostrar la movilización que estudiantes, sindicalistas y víctimas de los crímenes de Estado, realizaron contra el reelecto presidente simpatizante yanqui.

 Al parecer había naufragado en mi navegación por la red, en busca de noticias, opiniones o simple información sobre la marcha “No más Uribe”. Pero una luz surgió, aunque no precisamente la fuente más confiable para que me contaran sobre la marcha. El blog Uribestiario (sin mirada imparcial y en clara oposición al régimen actual) fue el medio que me contó que fueron más de mil personas que marcharon en Bogotá contra Álvaro Uribe.

 Con imágenes y vídeos, me mostró consignas como “Uribe Vélez el dictador que Colombia necesita”, “Marcho por ti Colombia, no más Uribe”, “No quiero ser un falso positivo” y la obvia razón por la que los tradicionales medios no se acercaron a la marcha: “RCN y Caracol, manipuladores de la información”.

 ¡Cómo iban a permitir Santo Domingo y Ardila Lulle que se hablara mal de sus empresas! Ambos muy seguramente no querían que en medio de un paneo, uno de sus televidentes viera esta última pancarta y se diera cuenta de la mentira informativa de los dos canales.

 Sí, puede que mi fuente haya sido un blog explosivo y ferviente opositor del mandatario nacional, pero a ese tipo de consultas nos llevan estos medios palaciegos y parcializados que se han hecho notar en Colombia durante los 7 infortunados años de gobierno uribista.

 Tan cuestionable fue esa actuación mediática, que produce escozor estar en una facultad de periodismo, a la espera de salir a trabajar en unos medios de comunicación mentirosos, que tapan información “inconveniente” para sus aliados.

 Consultar el Uribestiario dejó algo más. Al final del orgullo que para ellos representó la marcha y sobretodo sus mensajes, quedó una invitación extendida para una Colombia entera. Una gran movilización para el 9 de septiembre en contra de la instauración de las bases militares gringas en Colombia. Es cierto, lamentablemente la oposición y los organizadores de estas marchas no tienen la maquinaria para que sean tan efectivas como las del régimen, sin embargo, tienen más valor.

 Marchar por la soberanía nacional, debería ser un propósito de todos los colombianos. Ojalá que se dé la concentración contra las bases, ojalá marchen más personas de las que se esperan y ojalá ésta sea la iniciación de muchas otras protestas en contra la corrupción, el desempleo, la pobreza económica y educativa y por supuesto contra los crímenes de Estado que este gobierno no para de realizar. Ah y sin dudarlo, a favor de nuestra institucionalidad, los colombianos arengar, “No a la reelección”.

lunes, 10 de agosto de 2009

JAIME, NOS VA MUY MAL SIN TI I



Otro agosto negro vivió Colombia hace 10 años. Cuando estaba a punto de conmemorarse la primera década del magnicidio de Luis Carlos Galán, fuimos testigos de un asesinato que marcó a una generación, a un país, que a pesar de la guerra y la corrupción, aún lograba reírse de su realidad.

Fue el 13 de agosto de 1999 que la risa murió, cuando dos sicarios le dispararon a Heriberto de la Calle, a Dioselina Tibaná a Nestor Helí a Godofredo Cínico Caspa y a todos los personajes que encarnaba el analista político más cómico de la realidad colombiana, Jaime Garzón.

Con sus programas Zoociedad y Quack: el noticero, el mueco Garzón se ganó un espacio en la televisión nacional con un formato novedoso que a muchos encantaba, pero que generó cólera en la clase dirigente colombiana.

Muchos como Antonio Morales, su guionista en Quack y quien lo animó a pintarse la cara, quitarse la caja de dientes que tenía y llenarse el pelo de gomina para crear al lustrabotas Heriberto de la Calle, creen que la sentencia a muerte del humorista fueron las entrevistas que le realizaba a los personajes más influyentes de Colombia, en las que los ponía a sudar petróleo con su pertinente impertinencia.

Y eso ayudó a que lo mataran. Sumado a su peligroso traspaso de la ficción a la realidad, cuando fue mediador en varias liberaciones de secuestrados de las Farc. La extrema derecha armada (AUC) y algunas fuerzas del Estado, inconformes con el Garzón de la realidad, acallaron su crítica mordaz y humorística.

Ahora que han pasado 10 años, el miedo, la irresponsabilidad y el poco compromiso de los periodistas han contribuido a que no exista un nuevo legado de lo que nos quiso dejar Garzón. El humor crítico-político está casi en extinción y son pocos los espacios que nos hacen pensar nuestros gobiernos y su forma de actuar.

Para los televidentes amnésicos hablar ahora de humor político seguramente será pensar en la palaciega Cosa Política de Vicky Dávila, que es simplemente la farándula de lo que hace o deja de hacer la clase dirigente en fiestas, desayunos en palacio o comprando zonas francas; todo como cortina de humo mientras ocurren otros atropellos que los medios nos ocultan.

Pocos se acuerdan de La Banda, el programa de RCN que quiso emular el legado de Garzón y que generó controversia en los pasillos de la ‘Casa de Nari’. Y casi ninguno sabe que fue en un acto de autocensura que el canal, que estaba en proceso de ser el vocero oficial del gobierno, decidió terminar con el programa por “sugerencia” de Uribe.

Afortunadamente no todo es malo. La crítica y el humor político aún están casados en Colombia, ejemplos de ellos son Tola y Maruja, La Luciérnaga y caricaturistas como Vladdo. Sin embargo, cada vez es más difícil este oficio, pues hay una audiencia polarizada y fanática que no quiere que le hablen mal de su mesías.

Cuánto habría sufrido Álvaro Uribe con Garzón, así tuviese su programa en TeleSur o en un circuito cerrado de televisión. Qué pensaría Dioselina Tibaná de la yidis-política, qué podría decir Godofredo Cínico de la para-política, o Nestor Helí de los estafados de DMG. Otra sería la forma de pensar de los colombianos con Garzón presente.

Y aunque muchos aún hagamos homenaje a su memoria, a sus personajes y a su crítica forma de pensar, la deuda que existe con él y su familia por esclarecer el magnicidio, nos validan el adjetivo de “país de mierda” con el que nos calificó César Augusto Londoño en CM& el día que mataron a Garzón.

martes, 21 de julio de 2009

OPINIÓN// DÓNDE QUEDÓ EL 20 DE JULIO



“Nuestra política exterior ha sido deplorable” es la sentencia del obtuso y radical precandidato presidencial del Polo, Carlos Gaviria; y no es para menos, las arbitrariedades y el rotulo de mal vecinos latinoamericanos durante la era Uribe dan cuenta de una cancillería cada vez más inútil.

Pero estos señalamientos no son gratuitos. Son el sencillo análisis que se puede hacer luego de que el yuppie canciller Bermúdez afirmara que “…no aplicamos el principio de injerencia en los asuntos de otros estados…” respondiéndole al presidente venezolano Hugo Chávez, luego de que mandara a “revisión” las relaciones con este gobierno por aceptar la instalación de bases militares gringas en territorio colombiano.

Y uno se pregunta, ¿política de no injerencia en otros estados? Tal vez sí, sin utilizar la populista diplomacia del micrófono, pero sí invadiendo territorios soberanos de otros países para bombardearlos y por demás causar la muerte de algunos de sus ciudadanos ¡que es peor! Y juzgar si estos ciudadanos eran guerrilleros o no, sería ahondar en una discusión ideológica y más emocional que racional frente a unos radicales furibistas. El hecho es el asesinato de latinoamericanos en territorio ajeno.

El yuppie Bermúdez continuó y afirmó que “exigía política de reciprocidad, dado que el gobierno no protestó por la presencia de buques rusos en aguas venezolanas”. Como siempre, son sorprendentes las bestialidades de los cortesanos de este régimen. Entonces, ¿justificamos la presencia de bases norteamericanas, el ‘paseo’ de militares gringos por nuestra geografía, los atropellos al estilo de Irak y la pérdida de soberanía? Todo sólo para “mantener una lucha contra el terrorismo” que hace rato se perdió por la vía armada.

O mejor aún, como sugiere el yuppie, el hecho de que Rusia haya vendido armas a Venezuela (suceso que no deja de preocupar) ¿autoriza a este guerrerista gobierno a implantar la primera piedra de una invasión a Suramérica? Nada podría justificar esa decisión en plena tensión con los vecinos y con los antecedentes con los que este régimen convirtió a Colombia desde marzo de 2008 en un país invasor, irrespetuoso de la soberanía de sus vecinos.

Con sus declaraciones, Bermúdez nos quiso devolver más de 20 años para plantearnos nuevamente una bipolaridad rusa y norteamericana. Lo que demuestra el arcaísmo de los funcionarios de este gobierno. Y peor aún, a sabiendas de que la decisión de autorizar las bases gringas fue arbitraria, pues no se consultó a todos los poderes del poder público; transmitió la idea de que estar con Rusia es malo, pero con EEUU eso como instalar una sucursal del cielo en nuestro territorio y no precisamente Cali.

No hay que ser ni uribista, ni anti-uribista, ni tener una ideología política cualquiera que sea; para darse cuenta de que es mucho peor implantar no una, sino tres bases ‘enemigas’ de nuestros vecinos, que comprar armas; eso sin que ambas dejen de preocupar.

Es que en términos coloquiales lo que este gobierno acaba de aceptar es la llegada a nuestra cuadra de un vecino capo del narcotráfico, con la tensión y la zozobra que esto implicaría. Sólo es cuestión de imaginar cuán incómodo sería tener a uno de estos sujetos viviendo a nuestro lado. Así les pasa, no a los gobiernos vecinos, sino a los latinoamericanos, a la gente del común de Venezuela, Ecuador, Perú y las demás naciones.

Lo peor de todo es que el pueblo no reacciona, no protesta, todo por una ceguera mediática y un mesianismo diabólico. ¡Nos están invadiendo! ¡Invadirán a los nuestros! ¡Nos seguirán matando! Y esta vez no el Ejército Nacional, sino la misma fuerza militar que ha matado a millones de personas en Irán, Irak, Afganistán y tantas otras.

Y el sospechoso narco-para-gobierno no responde, o mejor trata de ‘santificarse’. A este régimen le encanta sacrificar nuestras libertades en pos de una guerra sinfín, ésa que sólo se cura con igualdad social y no con la llegada de extranjeros, que no vienen a brindarnos recursos que fortalezcan el tejido humano, sino a asesinarlo.

Ahora, en tiempos de recordar nuestra independencia ¿Qué pueden estar pensando Manuela Beltrán y todo el movimiento comunero del siglo XIX? ¿Qué pensarán aquellos que batallaron por liberarnos de la presencia extranjera en nuestra nación? Sólo deben sentirse decepcionados, no tanto de este presidente (porque qué más se puede esperar de él) sino del pueblo colombiano que permite tremendos atropellos.

Suena repetitivo por estos días, pero no hay nada más cierto. Hermoso celebrar el grito independista de hace 199 años, pero tristemente aún no somos ni libres ni independientes.

Independencia grita el mundo americano;
Se baña en sangre de héroes la tierra de Colón.
Pero este gran principio: el Rey no es soberano,
Resuena, y los que sufren bendicen su pasión.

sábado, 6 de junio de 2009

OPINIÓN//LA FRANJA AMARILLA NO FUE

“…hay una pregunta que nos está haciendo la historia: ahora que el rojo y el azul han dejado de ser un camino, ¿dónde está la franja amarilla?” fue el final profético del ensayo de William Ospina, hace ya 13 años, cuando en la senectud del violento siglo XX surgía la pregunta sobre nuestra realidad política.

La década pasada estuvo marcada por el surgimiento de grupos políticos ciudadanos o movimientos independientes que intentaron llenar ese espacio que la sociedad colombiana necesitaba para incluirse allí, pero esa franja amarilla, la que remplazara al azul godo y al rojo cachiporro no llegó y se fue diluyendo por las fragmentaciones de los grupos independientes, por la infiltración criminal en la política y por el mesianismo uribista.

Pero los sindicalistas, el magisterio, los intelectuales y otros sectores de izquierda aparentemente cobijados con la Constitución del 91, entendieron que podía ser el momento de unirse a pesar de diversas ideologías entre ellos y crearon literalmente la franja amarilla que el país exigía, el Polo.

Convergieron varios sectores políticos afines con el interés de crear una disyuntiva a la realidad roji-azul de la política nacional. Antonio Navarro, Gustavo Petro, Samuel Moreno, Jesús Bernal y otros cuantos izquierdistas quisieron demostrar que su opción no era tomarse el poder por la vía armada y parecían llegar a un acuerdo para abonar el camino de la izquierda como gobierno.

Todo esto en Colombia parecía un sueño: primero Luis Eduardo Garzón generó la votación más alta de la izquierda en unas presidenciales, luego él mismo aspiró al segundo cargo popular más importante y se hizo a la Alcaldía de Bogotá. La magia seguía y aunque golpeados por la abrumadora mayoría uribista en el país, Carlos Gaviria se unió al club del viraje político y logró ser candidato.

La sociedad derechista colombiana veía desde sus clubes cómo el Polo con la candidatura del ex magistrado lograba fortalecerse y alcanzaba la segunda votación en el país, a pesar del favorecimiento estatal de la reelección de Álvaro Uribe. La ‘toma’ del poder izquierdista estaba tan cerca, ahora con la repetición de la victoria en Bogotá, a manos de Samuel Moreno.

Pero a Colombia la despertaron del sueño. Así, satisfecha por lo que había visto en su inconsciencia quería seguir dormida, pero la crudeza de la realidad no la dejó. Sí, hay un partido cuya imagen es amarilla y se llama Polo Democrático Alternativo, ya ha tenido varios e importantes triunfos en el país y sí, en algún momento se vio como la opción de gobierno después del Medioevo Uribista, pero la magia ya terminó.

El incomprensible radicalismo de su inteligente presidente, Carlos Gaviria, ha creado el efecto invernadero en un Polo que parece derretirse. Ese sentimiento pluralista, la esencia que nos llevó a pensar que ocuparía la franja amarilla de Ospina, se acabó cuando no se valoraron las ideas de Lucho y Petro para buscar una convergencia política y un pacto por un buen gobierno post-uribe. El ego de los orgullosos mamertos del Polo pesó más, pareciera un imperativo o una censura al interior de la colectividad hablar de seguridad o de mercantilismo.

¿Qué pensará el señor Gaviria?, ¿Que su sola candidatura podrá ganarle a una coalición uribista con o sin Uribe? ¿O que un país derechista, acentuado por las Farc y la era Uribe, apoyará radicalismos de su tipo? Ahí sí está el sueño, ahí está quizá el efecto del cannabis que le atribuyen con tanto estigma a la izquierda.

El ego de políticos como Gaviria, que paralelo a Álvaro Uribe parece creerse imprescindible, destruyó la metafórica franja amarilla dentro del Polo e hizo que mentes que sumaban, aportaban y significaban dentro de esa colectividad hayan migrado de esas huestes. Pero ¿a dónde?

Todos van a ir a ocupar el lugar inexplorado en la política colombiana. Los que están llegando a ese lugar cual Cristóbal Colón (pero sin apoyo) se fueron a ‘aventurar’ a un sector llamado el centro, una marca que se quiere separar de esos tintes extremistas de sus lados.

Los que llegaron ya están trabajando. El fenómeno mediático de los ‘quíntuples’–que por egos parecía una formación de la selección argentina– fue la primera muestra de ese nuevo espacio en Colombia. Lucho quien se fue de la falsa franja amarilla ya está allí junto a más que políticos, excelentes pensadores de nuestra realidad: Mockus y Peñalosa, acompañados de una mujer como Martha Lucía, otrora uribista, quien sí parece creer en lo que es la democracia.

Falta alguien. Sí, Sergio Fajardo, pero ya conocen mis reservas frente a este disfraz uribista de 2002; pero además caben allí Gina Parody (alejada del esperpento de La U), Rafael Pardo (cuando se aleje del zombi rojo), Gustavo Petro (si decide renunciar a su falsa candidatura en el Polo) y aquellos pensadores de la realidad nacional que puedan aportar por encima de los beneficios propios y de sus egos.

El espacio está abierto y más que una figura ‘farandulesca’ como lo ha querido mostrar Semana con su portada ¿Podrán Unirse?, es el momento de explorar ese centro y lograr que ahí sí esté la franja amarilla que hemos estado buscando los colombianos.

Mi voto para el próximo año aún sigue en blanco, pero con una conformación de este grupo de forma consciente y libre de los vicios políticos, el sufragio puede empezar a tomar color.

BROCHE: ¿Cómo puede existir aún la intolerancia de sentenciar de “guerrillero hp…” cuando se habla de Gustavo Petro?

martes, 26 de mayo de 2009

OPINIÓN//EL ESPEJISMO DEL RETROVISOR




Recordar ese discurso del candidato Álvaro Uribe Vélez en 2002 “contra la corrupción y la politiquería” es revivir el engaño en el que muchos colombianos (más de 5 millones en 2002 y más de 7 en 2006) cayeron tras la promesa de una nueva política. Pero ha sido la más sucia de todas.

Prebendas para favorecer sus proyectos en el Congreso, pactos de sus partidos con grupos paramilitares para favorecerse electoralmente, crímenes de Estado en pro de exponer la “efectividad” de la Seguridad Democrática y un manto de dudas sobre las relaciones del residente de Palacio con la mafia antioqueña, nos hacen temer de esa supuesta que proclamaba el ex gobernador de Antioquia cuando se separó del Partido Liberal y decidió hacerse independiente para buscar la presidencia.

Independiente, sí. Sin el aval de ningún partido político, quien hoy controla el Congreso de la República y tiene en su bolsillo cuatro partidos políticos, llegó al primer cargo público a través de un movimiento ciudadano conformado a partir de una recolección de firmas para hacer válida su candidatura.

Luego, el paisa, con su discurso divergente al de aquel entonces, cuando se negociaba con las Farc, fue escalando en las encuestas y endulzando a sus votantes, quienes jamás creyeron que elegirían como presidente a un asesino de la democracia aparentemente más sólida del sur de América.

Han pasado casi 7 años y cada vez son más los que dan cuenta del fatídico error de cambiar aquel artículito de la Constitución para permitir la perpetuidad del ex gobernador antioqueño, pero posiblemente, si las encuestadoras no están manipulando de nuevo los resultados, estaremos a punto de depositar el mismo voto. Y no es precisamente por Andrés Felipe ‘el calco’ Arias.

Paisa, ex dirigente laureado de Antioquia, en contra de todo viso de politiquería, sin partido que lo apoye, en busca de firmas para presentar su candidatura, planteando lo opuesto a lo establecido en el actual gobierno. Pareciera que estamos hablando de la campaña de 2002, del candidato Uribe, pero esta vez la U ya empieza a cambiar por una F y el uribismo evoluciona a un naciente fajardismo.

Es Sergio Fajardo, quien tiene en su haber todos esos rótulos que lo hacen tan parecido, por no decir la misma imagen de candidato que tenía este actual presidente en su primera campaña por la presidencia. Y esto, por no decir menos, es alarmante.

Preocupa porque tendríamos más de lo mismo y hay que decirlo, la sombra del paramilitarismo seguiría permeando el primer cargo del Estado. O ¿acaso qué alcalde fue el que desmovilizó a las autodefensas del área metropolitana del Valle de Aburrá? Partiendo de que su sucesor en la Alcaldía y amigo, Alonso Salazar, (quien además hizo parte de su gabinete) ya está vinculado en un proceso por nexos con paramilitares del Bloque Metro que operó en Medellín.

“No tener precio” y “Nuestros principios no son negociables” parecen ser el caballito de batalla del discurso fajardista, quien miró con su retrovisor para utilizar la misma fórmula del mago politiquero mayor en su campaña de hace 7 años.

Pero no todo está perdido, tampoco Sergio Fajardo es Álvaro Uribe. ¡Brincos diera! Afortunadamente, sin llegar a enaltecer al nuevo paisa como un mesías, es cierto que el eje político del independiente ex alcalde podría ser la solución a la peligrosa polarización de un país que puede estar cerca del bipartidismo o la bi-ideología que lo enmarque en una guerra civil.

Fajardo, “el candidato alternativo”, como lo llamó la revista Semana, que parece haber depositado su voto por este carismático paisa un año antes de la contienda; podría ser (si me equivoco y no es un Uribe camuflado) el primero de los presidentes de una nueva era política en el país, donde la guerra se convierta en asunto del pasado y el tejido social-humano sea el que impere.

Por ahora, si tuviera el tarjetón presidencial en mis manos habría que votar el voto, votar en blanco, porque los planteamientos que el país necesita como eje para el próximo período presidencial no están a la merced de lo que el pueblo necesita sino a lo que el “apegado al poder” defina.


FOTO: http://www.presidencia.gov.co/prensa_new/fotos/2007/junio/27/foto9.jpg